Este viernes, 23 de Noviembre, cuatro autobuses de puntos distintos partían para el Kinépolis, capitaneados por nuestro párroco, D. José Luis, quién con la misma ilusión que los que íbamos, quería compartir con nosotros una tarde-noche, de auténtica diversión, sana y llena de amistad.
Nuestra llegada hizo que el Kinépolis se llenara, y durante toda la noche le pusimos la nota de color... pues de hecho éramos casi 200 jóvenes.
Recreativos, algún refresco, muchos paseos, una peliculilla, y muchas sonrisas, llenaron cada instante de una noche, que para algunos, fué sentirse realmente grandes, responsables de sí mismos, acompañados de sus amigos, y con capacidad de tomar sus propias decisiones.
Y aunque siempre estamos hablando del comportamiento de los jóvenes, de su falta de responsabilidad y que no hacen caso de nada... pues a la hora que habíamos quedado todos en la puerta del Kinépolis, allí estuvieron todos, parecía una procesión, una marea de jóvenes, que llamó la atención de todos los que aquella noche pasaron por el Kinépolis.
Y como decía al comienzo, gracias a Dios somos todos distintos, y así buscamos complementarnos. D. José Luis, nuestro párroco, envuelto en esa imagen de bondad, y hasta de timidez que le caracteriza, sabe fijarse muy bien, en todo lo que los demás sienten y quieren, y si está en su mano poderlo realizar, no duda, en poner toda la carne en el asador. Por eso, compartiendo estos momentos con tantos jóvenes, estando presente a su lado, y siendo medio para que su diversión, sea sana, buena y en amistad, nos está dando un testimonio, y una cercanía, que convence más que todos los discursos del mundo. Sólo nos queda, como en tantas otras ocasiones, decirle: ¡Gracias... no cambies nunca...!