GRUPO DE ORACIÓN "REINA DE LA PAZ Y PADRE PÍO" CERRILLO DE MARACENA

GRUPO DE ORACIÓN "REINA DE LA PAZ Y PADRE PÍO" CERRILLO DE MARACENA

NUESTRA MADRE DEL CARMEN DE ÍLLORA

domingo, 26 de septiembre de 2010

EL PADRE PIO, CAPUCHINO, SACERDOTE, LLEVÓ EN SU CUERPO LAS LLAGAS DE CRISTO.


El pasado día 23 de Septiembre, la Iglesia nos propone en su santoral, la fiesta de San Pío de Pietralcina. Este humilde y sencillo capuchino, que desde su más tierna infancia, tuvo una relación íntima y especial con lo sobrenatural, destacó como confesor, por su dirección espiritual, por sus consejos, por su obediencia, por su humildad, por su vida de oración, por su forma de vivir la Eucaristía, por su amor a la Virgen, y todo adornado por muchas gracias sobrenaturales, que hizo que ya en vida, desde todos los puntos del mundo, recibiera cartas pidiéndole ayuda, consejo, oración. Su deseo era el alivio de los hermanos más débiles y pobres. Construyó un hospital para atender a los que no tenían nada, y creó innumerables grupos de oración, extendidos aún hoy a lo largo y ancho de todo el mundo, para que como la Virgen en Caná de Galilea, oren por las necesidades de la Iglesia, de todos los sacerdotes, de todos los fieles. Era un auténtico rezador de rosarios, según sus propias palabras, en el rosario está la llave para abrir la fuente de gracias que Dios quiere derramar en todos los corazones. Es tanta su fama en Italia, en latinoamérica, en Europa, en Asia, que no quería dejar pasar esta celebración, para que conozcáis algo de su vida, y de su diaria intercesión por todos nosotros.

(Tomado de la página: http://www.franciscanos.org/santoral/piopietrelcina4.htm

23 de septiembre
SAN PÍO DE PIETRELCINA (1887-1968)



Aqui también os dejo la biografía de la página del Vaticano: http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20020616_padre-pio_sp.html

“En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal 6, 14).

Padre Pío de Pietrelcina, al igual que el apóstol Pablo, puso en la cumbre de su vida y de su apostolado la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y su gloria. Inflamado de amor hacia Jesucristo, se conformó a Él por medio de la inmolación de sí mismo por la salvación del mundo. En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso y perfecto que hubiera podido decir “con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 19). Derramó sin parar los tesoros de la graciaque Dios le había concedido con especial generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.

Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, archidiócesis de Benevento, hijo de Grazio Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue bautizado al día siguiente recibiendo el nombre de Francisco. A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.

El 6 de enero de 1903, cuando contaba 16 años, entró en el noviciado de la orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde el 22 del mismo mes vistió el hábito franciscano y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado el año de noviciado, emitió la profesión de los votos simples y el 27 de enero de 1907 la profesión solemne.

Después de la ordenación sacerdotal, recibida el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por motivos de salud permaneció en su familia hasta 1916. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo y permaneció allí hasta su muerte.

Enardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre, según la misión especial que caracterizó toda su vida y que llevó a cabo mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad.

En el orden de la caridad social se comprometió en aliviar los dolores y las miserias de tantas familias, especialmente con la fundación de la “Casa del Alivio del Sufrimiento”, inaugurada el 5de mayo de 1956.

Para el Padre Pío la fe era la vida: quería y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado asiduamente a la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio con Dios. Decía: “En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios”. La fe lo llevó siempre a la aceptación de la voluntad misteriosa de Dios.

Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales. No era solamente el hombre de la esperanza y de la confianza total en Dios, sino que infundía, con las palabras y el ejemplo, estas virtudes en todos aquellos que se le acercaban.

El amor de Dios le llenaba totalmente, colmando todas sus esperanzas; la caridad era el principio inspirador de su jornada: amar a Dios y hacerlo amar. Su preocupación particular: crecer y hacer crecer en la caridad.

Expresó el máximo de su caridad hacia el prójimo acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas personas que acudían a su ministerio y a su confesionario, recibiendo su consejo y su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban en la iglesia, en la sacristía y en el convento. Y él se daba a todos, haciendo renacer la fe, distribuyendo la gracia y llevando luz. Pero especialmente en los pobres, en quienes sufrían y en los enfermos, él veía la imagen de Cristo y se entregaba especialmente a ellos.

Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia, obraba y aconsejaba a la luz de Dios.

Su preocupación era la gloria de Dios y el bien de las almas. Trató a todos con justicia, con lealtad y gran respeto.

Brilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo aceptó inmediatamente con valor y por amor. Experimentó durante muchos años los sufrimientos del alma. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad.

Cuando tuvo que sufrir investigaciones y restricciones en su servicio sacerdotal, todo lo aceptó con profunda humildad y resignación. Ante acusaciones injustificadas y calumnias, siempre calló confiando en el juicio de Dios, de sus directores espírituales y de la propia conciencia.

Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir.

Consciente de los compromisos adquiridos con la vida consagrada, observó con generosidad los votos profesados. Obedecióen todo las órdenes de sus superiores, incluso cuando eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural en la intención, universal en la extensión e integral en su realización. Vivió el espíritu de pobreza con total desprendimiento de sí mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección por la virtud de la castidad. Su comportamiento fue modesto en todas partes y con todos.

Se consideraba sinceramente inútil, indigno de los dones de Dios, lleno de miserias y a la vez de favores divinos. En medio a tanta admiración del mundo, repetía: “Quiero ser sólo un pobre fraile que reza”.

Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta y, especialmente en los últimos años de su vida, empeoró rápidamente. La hermana muerte lo sorprendió preparado y sereno el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. Sus funerales se caracterizaron por una extraordinaria concurrencia de personas.

El 20 de febrero de 1971, apenas tres años después de su muerte, Pablo VI, dirigiéndose a los Superiores de la orden Capuchina, dijo de él: “¡Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Porqué era un sabio? ¿Porqué tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento”.

Ya durante su vida gozó de notable fama de santidad, debida a sus virtudes, a su espíritu de oración, de sacrificio y de entrega total al bien de las almas.

En los años siguientes a su muerte, la fama de santidad y de mila-gros creció constantemente, llegando a ser un fenómeno eclesial extendido por todo el mundo y en toda clase de personas.

De este modo, Dios manifestaba a la Iglesia su voluntad de glorificar en la tierra a su Siervo fiel. No pasó mucho tiempo hasta que la Orden de los Frailes Menores Capuchinos realizó los pasos previstos por la ley canónica para iniciar la causa de beatificación y canonización. Examinadas todas las circunstancias, la Santa Sede, a tenor del Motu Proprio “Sanctitas Clarior” concedió el nulla osta el 29 de noviembre de 1982. El Arzobispo de Manfredonia pudo así proceder a la introducción de la Causa y a la celebración del proceso de conocimiento (1983-1990). El 7 de diciembre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos reconoció la validez jurídica. Acabada la Positio, se discutió, como es costumbre, si el Siervo de Dios había ejercitado las virtudes en grado heroico. El 13 de junio de 1997 tuvo lugar el Congreso peculiar de Consultores teólogos con resultado positivo. En la Sesión ordinaria del 21 de octubre siguiente, siendo ponente de la Causa Mons. Andrea María Erba, Obispo de Velletri-Segni, los Padres Cardenales y obispos reconocieron que el Padre Pío ejerció en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y las relacionadas con las mismas.

El 18 de diciembre de 1997, en presencia de Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes.

Para la beatificación del Padre Pío, la Postulación presentó al Dicasterio competente la curación de la Señora Consiglia De Martino de Salerno (Italia). Sobre este caso se celebró el preceptivo proceso canónico ante el Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Salerno-Campagna-Acerno de julio de 1996 a junio de 1997. El 30 de abril de 1998 tuvo lugar, en la Congregación para las Causas de los Santos, el examen de la Consulta Médica y, el 22 de junio del mismo año, el Congreso peculiar de Consultores teólogos. El 20 de octubre siguiente, en el Vaticano, se reunió la Congregación ordinaria de Cardenales y obispos, miembros del Dicasterio y el 21 de diciembre de 1998 se promulgó, en presencia de Juan Pablo II, el Decreto sobre el milagro.

El 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne Concelebración Eucarística en la plaza de San Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con su autoridad apostólica declaró Beato al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietrelcina, estableciendo el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica.

Para la canonización del Beato Pío de Pietrelcina, la Postulación ha presentado al Dicasterio competente la curación del pequeño Mateo Pio Colella de San Giovanni Rotondo. Sobre el caso se ha celebrado el regular Proceso canónico ante el Tribunal eclesiástico de la archidiócesis de Manfredonia‑Vieste del 11 de junio al 17 de octubre del 2000. El 23 de octubre siguiente la documentación se entregó en la Congregación de las Causas de los Santos. El 22 de noviembre del 2001 tuvo lugar, en la Congregación de las Causas de los Santos, el examen médico. El 11 de diciembre se celebró el Congreso Particular de los Consultores Teólogos y el 18 del mismo mes la Sesión Ordinaria de Cardenales y Obispos. El 20 de diciembre, en presencia de Juan Pablo II, se ha promulgado el Decreto sobre el milagro y el 26 de febrero del 2002 se promulgó el Decreto sobre la canonización.



"Solo quiero ser un fraile que reza..." San Padre Pio

MAXIMAS DEL PADRE PIO (De la página: http://www.corazones.org/santos/pio_padre_maximas.htm)

La presencia de Jesús en el corazón:

Confieso que para mí es una gran desgracia no saber expresar y explicar este volcán eternamente encendido que me quema y que Jesús hizo nacer en este corazón tan pequeño”.

¡Bendigo a Dios, que por su gracia, otorga santos sentimientos!

Todo lo podría resumir así: me siento devorado por el amor a Dios y el amor por el prójimo. Dios está siempre presente en mi mente, y lo llevo impreso en mi corazón. Nunca lo pierdo de vista: me toca admirar su belleza, sus sonrisas y sus emociones, su misericordia, su venganza o mas bien el rigor de su justicia

...¿Cómo es posible ver a Dios entristecerse por el mal y no entristecerse también uno?

Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle gracias; si se os oculta, dadle gracias. Todo esto es un juego de amor para traernos dulcemente hacia el Padre. Perseverad hasta la muerte, hasta la muerte con Cristo en la Cruz.


Amor:

Las cosas humanas necesitan ser conocidas para ser amadas; las divinas necesitan ser amadas para ser conocidas

No lo olvidéis: el eje de la perfección es el amor. Quien está centrado en el amor, vive en Dios, Porque Dios es Amor, como lo dice el Apóstol.

El amor y el temor deben estar unidos: el temor sin amor se vuelve cobardía; el amor sin temor, se transforma en presunción. Entonces uno pierde el rumbo.

La divina Solicitud no solo no rechaza a las almas arrepentidas, sino que sale en busca de la mas empedernida..


Confianza en Dios

El corazón de nuestro divino Maestro no conoce mas que la ley del amor, la dulzura y la humildad. Poned vuestra confianza en la divina bondad de Dios, y estad seguros de que la tierra y el cielo fallaran antes que la protección de vuestro Salvador.

Caminad sencillamente por la senda del Señor, no os torturéis el espíritu. Debéis detestar vuestros pecados, pero con una serena seguridad, no con una punzante inquietud.


Santa Misa:

“Sería más fácil que la tierra se rigiera sin el sol, que sin la santa Misa”.


María Santísima

Si no hubiera Fe los hombres te llamarían diosa. Tus ojos resplandecen más que el sol, eres hermosa, Madre, me glorío, ¡Te quiero!

Oye, Madre, yo te quiero más que a todas las criaturas de la tierra y del cielo;... después de Jesús, es claro; te quiero tanto.

Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Seamos inmensamente gratos a la Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús!

Permaneced como la Virgen, al pie de la Cruz, y seréis consolados. Ni siquiera allí María se sentía abandonada. Por el contrario, su Hijo la amó aun mas por sus sufrimientos.


Oración

"Solo quiero ser un fraile que reza...

Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración...

La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón..."

El don de la oración está en manos del Salvador. Cuanto más te vacíes de ti mismo, es decir, de tu amor propio y de toda atadura carnal, entrando en la santa humildad, más lo comunicará Dios a tu corazón.

A Dios se le busca en los libros, se le encuentra en la meditación.

En la medida en que vaciéis vuestro Yo de si mismo - es decir, del apego a los sentidos y a vuestra propia voluntad - , echando raíces en la santa humildad, el Señor hablará a vuestro corazón.

Practicad con perseverancia la meditación a pequeños pasos, hasta que tengáis piernas fuertes, o mas bien alas. Tal como el huevo puesto en la colmena se transforma, a su debido tiempo, en una abeja, industriosa obrera de la miel.

Sed vigilantes cuando meditéis. Generalmente los que se entregan a la meditación, lo hacen con una especie de arrogancia, tan ansiosos están por encontrar el sujeto susceptible de consolar su espíritu, y esto es suficiente para impedirles encontrar lo que busca.

Liberarse de la ansiedad
Si vuestro espíritu no se concentra, vuestro corazón esta vacío de amor. Cuando se busca sea lo que sea con avidez y prisa, puede uno tocar cientos de veces el objeto sin ni siquiera darse cuenta. La ansiedad vana e inútil os fatigará espiritualmente, y vuestro espíritu no podrá dominar su sujeto. Hay que liberarse de toda ansiedad, porque ella es la peor enemiga de la devoción sincera y autentica. Y esto principalmente cuando se ora. Recordad que la gracia y el gusto de la oración no proviene de la tierra sino del cielo y que es en vano utilizar una fuerza que solo podría perjudicaros.


Crecimiento

Para crecer, necesitamos del pan básico: la cruz, la humillación, las pruebas y las negaciones".


Crítica

No tolero la crítica y la habladuría sobre los hermanos. Es cierto que a veces me divierte aguijonearlos, pero la murmuración me da náuseas. Tenemos tantos defectos que criticarnos a nosotros mismos ¿Por qué perder tiempo en lo de los hermanos?


Enemigos

Jamás pasó por mi mente la idea de una venganza. Recé por los detractores y rezo por ellos. Quizá alguna vez le dije al Señor: "Señor, si para convertirlos es necesario algún fustazo, hazlo, con tal que se salven.


Humildad

Si necesitamos paciencia para tolerar las miserias ajenas, más aún debemos soportarnos a nosotros mismos.

En tus diarias infidelidades, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando el Señor te vea humillado hasta el suelo, te tenderá su mano. Él mismo pensará en atraerte hacia Él.

Has construido mal; destruye y reconstruye bien.

Como una señora admitiera que tenía cierta inclinación a, la vanidad, el Padre comentó:"- ¿Ha observado usted un campo de trigo en sazón? Unas espigas se mantienen erguidas, mientras otras se inclinan hacia la tierra. Pongamos a pruebe a los mas altivos, descubriremos que están vacíos, en tanto los que se inclinan, los humildes, están cargados de granos"

Dios enriquece al hombre que ha hecho el vacío en si mismo.


Paciencia

Guardad en lo mas hondo del espíritu las palabras de Nuestro Señor:"A fuerza de paciencia, poseeréis vuestra alma".


Prudencia

La prudencia tiene ojos. El amor piernas. El amor, que tiene piernas, querría correr hacia Dios, pero su impulso es ciego, y uno tropezaría, de no estar dirigido por los ojos de la prudencia...


Pruebas y tentaciones.

Ten por cierto que si a Dios un alma le es grata, más la pondrá a prueba. Por tanto, ¡Coraje! y adelante siempre.

Por muy altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡ Espera!... la calma volverá.

Las pruebas a las que Dios os somete y os someterá, todas son signos del amor Divino y Perlas para el alma.

Uno puede ahogarse en alta mar, y también puede sofocarse hasta el ahogo con un simple vaso de agua.- ¿Donde esta la diferencia? - ¿Acaso no es la muerte, en cualquiera de esas formas?.

El demonio es como perro encadenado; si uno se mantiene a distancia de el, no será mordido.

Jesús os guía hacia el cielo por campos o por desiertos - ¿que importancia tiene? Acomodaos a las pruebas que El quiera enviaros, como si debieran ser vuestras compañeras para toda la vida; cuando menos lo esperéis, quizás queden resueltas.

Los grandes corazones ignoran los agravios mezquinos.

En una estampa representando la cruz, el Padre escribió estas palabras:"El madero no os aplastará; si alguna vez vaciláis bajo su peso, su poder os volverá a enderezar".

Golgota. Una cima cuya ascensión nos reserva una visión beatifica de nuestro amado salvador.

Por los golpes reiterados de su martillo, el Artista divino talla las piedras que servirán para construir el Edificio Eterno.

Puede decirse con toda justicia que cada alma destinada a la gloria eterna es una de esas piedras indispensables. Cuando un constructor quiere levantar una casa, debe ante todo limpiar y nivelar el terreno; el Padre celestial procede de igual manera con el alma elegida que, desde toda la eternidad ha sido concebida para el fin que El se propone; por eso tiene que emplear el martillo y el cincel. Esos golpes de cincel son las sombras, los miedos, las tentaciones, las penas, los temores espirituales y también las enfermedades corporales. Dad pues, gracias al Padre celestial por todo lo que impone a vuestra alma. Abandonaos a El totalmente. Os trata como trató a Jesús en el Calvario.

Es mediante una sumisión completa y ciega que os sentiréis guiado en medio de las sombras, las perplejidades y las luchas de la vida."El hombre obediente cantará victoria", nos dice la escritura. Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle también las gracias; si se oculta a vuestra vista, dadle también las gracias. Todo esto compone el yugo del amor.

No escuchéis lo que os dice vuestra imaginación. Por ejemplo, que la vida que lleváis es incapaz de guiaros al bien. La gracia de Jesús vela y os hará obrar para ese bien.


Pobres

En todo pobre está Jesús agonizante; en todo enfermo está Jesús sufriente; en todo enfermo pobre está Jesús dos veces presente

Sufrimiento

Casi todos vienen a mí para que les alivie la Cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla.

La vida del cristiano no es mas que un perpetuo esfuerzo contra si mismo. El alma no florece sino merced al dolor.

Apelad a Dios cuando vuestra cruz os martiriza. Así imitareis a su hijo que, en Getsemani, imploro algún alivio. Pero como El, estad dispuesto a decir: - FÍAT!.


¿Por que?

"Lo importante es caminar con sencillez ante el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le digas jamás: ¿Por qué ?, Aunque te haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria: Estar cerca de Jesús. Si nos cita en la noche no rehusemos las tinieblas."


Dirección Espiritual

Recuerde - dijo el padre a uno de sus hijos espirituales - que la madre empieza a hacer caminar al niño sosteniéndolo; pero luego, este debe caminar solo. También usted debe aprender a razonar sin ayuda.

Amor y sus hijos espirituales

La caridad es la reina de las virtudes. Como el hilo entrelaza las perlas, así la caridad a las otras virtudes; cuando se rompe el hilo caen las perlas. Por eso cuando falta la caridad, las virtudes se pierden.

La caridad es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos

La humildad y la caridad van de la mano. La primera glorifica, la otra santifica.

Amo a mis hijos espirituales tanto como a mi alma y aun más.

Al final de los tiempos me pondré en la puerta del paraíso y no entraré hasta que no haya entrado el último de mis hijos.


La escalera al cielo

Sin obediencia no hay virtud;
sin virtud no hay bien.
Sin bien no hay amor.
Sin amor no hay Dios.
Y sin Dios no hay Paraíso.

Esto forma como una escalera, si falta un peldaño uno se cae.

El anhelo de la paz eterna es legitimo y santo, pero debe ser moderado para una total resignación a los designios del Altísimo: mas vale cumplir la Voluntad Divina en este mundo que gozar en el Paraíso."Sufrir y no morir" era el ‘leit-motiv’ de Santa Teresa. El Purgatorio es un lugar de delicias, cuando se lo soporta por voluntaria elección de amor.

La Noche Oscura

Nuestro Señor, en cuanto considera nuestra alma lo bastante viril, lo bastante entregada a su servicio, se apresura quitarle las dulzuras de antaño. Llega hasta quitarle la facultad de orar, de meditar, es el abismo en las tinieblas y la aridez.

Esta mudanza aterra: - Que gran delito habrá cometido el alma, para atraer sobre si tal desdicha. Escudriña su conciencia, pasa por tamiz sus mas insignificantes actos, y al no descubrir nada que justifique su infortunio, saca en conclusión que ha sido abandonada.

- Que error! Lo que el alma toma por abandono es un favor insigne. Es la transacción de lo inteligible a la duración contemplativa, a la que uno no llega sino purificado. - Si el hombre pudiera comprender que su imposibilidad de fijar su imaginación en un punto determinado se debe al retiro de la luz sobrenatural!. Pero pronto una nueva luz anima la meditación y la vuelve eficaz. - Ah, si el alma pudiera saber que Dios, al apartarse, infunde al mismo tiempo una mas pura claridad en el intelecto, la claridad que la hace mas apta a las cosas divinas, por encima de lo discursivo, en la visión directa, y absolutamente exquisita, delicada, inefable. Se me objetara si esa luz es a tal punto mejor, el alma debería, con sus poderes multiplicados, captar su objeto. Pero no vamos tan rápido. Los que con gusto se alimentan con comidas ordinarias, simularan disgusto cuando le ofrezcáis manjares mas refinados. Igualmente, para apreciar el estado de oración, hay que haber roto todo lazo.- Dios mío! En esta oscuridad veo una irradiación. Recordadlo, el amor de Dios nunca se sacia.




La presente Novena la recitaba diariamente padre Pío por todos aquellos que solicitaban sus oraciones. Se invita pues , a los fieles a recitarla también diariamente confiando en la intercesión de San Pío de Pietrelcina.

1. O Jesús mío que dijiste "en verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá" He aquí que, confiado en tu Palabra divina, llamo, busco y te pido la gracia......

Padre Nuestro, Ave María, Gloria
Sagrado Corazón de Jesús en ti confío


2. O Jesús mío que dijiste:"en verdad os digo: todo lo que pediréis a mi Padre en mi Nombre, El os lo concederá" He aquí que, confiado en tu Palabra divina, pido al eterno Padre en tu Nombre la gracia de....

Padre Nuestro, Ave María, Gloria
Sagrado Corazón de Jesús en ti confío

3. O Jesús mío, que dijiste "en verdad os digo: los cielos y la tierra pasarán, mas mis palabras
no pasarán"... He aquí que, confiado en la infalibilidad de tu Palabra divina, te pido la gracia....

Padre Nuestro, Ave María, Gloria
Sagrado Corazón de Jesús en ti confío


O Sagrado Corazón de Jesús infinitamente compasivo con los desgraciados, ten piedad de nosotros pobres pecadores y concédenos las gracias que te pedimos por medio del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre.

San José , padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús ruega por nosotros.

martes, 21 de septiembre de 2010

FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, PATRONA DE ALOMARTES (GRANADA)


El 26 de Septiembre, Alomartes vuelve a vestirse de gala. Y es que la Virgen de los Dolores, centra la vida de este pueblo, y desde el Templo Parroquial, llama al corazón de todos sus hijos, para que como desde hace ya muchísimos años, los alomarteños, le rindan el tributo de su amor y de su más ferviente devoción.
Por estas fechas se celebraba en Alomartes las fiestas en honor a la Señora, y aunque como en el resto de pueblos vecinos, se adelantaron al mes de Agosto, para que sus hijos emigrantes, pudieran unirse a la fe de todo un pueblo, el 26 de Septiembre, nunca quedó olvidado en el corazón alomarteño, sino que año tras año, todos volvían a ofrecer a la Reina de sus amores, todo lo mejor de sus vidas.
Y como siempre, varios cultos se han organizado para honrar a la Patrona de
Alomartes.

Los días 23, 24 y 25 de Septiembre, a las 7,30 de la tarde, se celebrará un
Solemne Triduo en honor de la Virgen de los Dolores.

El Domingo, 26 de Septiembre, a las 7,30 de la mañana, comenzará desde el Templo Parroquial, un devotísimo rosario de la aurora, en honor de la Patrona de Alomartes.

A las 12 de la mañana: Solemne Función de Íglesia, en honor de la Santísima Virgen de los Dolores, Patrona de Alomartes.

Desde esta página, invitamos a todos a unirse a estos cultos, y a venerar y amar a tan celestial y Soberana Reina.

Con su mirada puesta en el cielo,
de la que brota la cruz,
nos recuerda a todos
con sus lágrimas,
lo que nos ofreció Jesús,
muriendo por redimirnos,
nos abrió las puertas de la vida eterna,
y Ella unida a su martirio,
es nuestra Madre más tierna,
que escucha siempre nuestra oración
para ofrecerla a nuestro Padre Dios,
y con su inmenso amor,
nos llene con su gracia y bendición.
Virgen de los Dolores,
quisiéramos ser, esos dos ángeles,
que te hacen de corte de honor,
para poder en todo momento,
estar rendidos a tus plantas,
y ofrecerte nuestro corazón
porque no se entiende la vida sin Tí,
sin tu gracia,
sin tu amor,
sin poder ver tu imagen,
que corona como nadie,
lo mejor del Altar Mayor,
de este Templo-Relicario,
que guarda el mejor tesoro,
que un día bajo del cielo,
para a todos cubrirnos con su manto,
y ser, nuestra Señora,
la Patrona y Reina de nuestro corazón.



24 DE SEPTIEMBRE: FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DE LA MERCED. PATRONA DE BRÁCANA (GRANADA)

El significado del título “Merced” es ante todo “misericordia”. La Virgen es misericordiosa y también lo deben ser sus hijos. Esto significa que recurrimos a ella ante todo con el deseo de asemejarnos a Jesús misericordioso. ORIGEN DE UNA DEVOCIÓN

Los últimos siglos de la Edad Media, el sur y el levante español estaban en poder de los árabes y con sus vidas en vilo. El Mediterráneo estaba infestado de corsarios turcos y de sarracenos, y lo mismo atacaban a los barcos que desembarcaban en las costas y se llevaban cautivos a muchos.

Un alma caritativa suscitada por Dios fue San Pedro Nolasco, llamado el Cónsul de la Libertad. Rogaba insistentemente a la Virgen María y se preguntaba cómo poner remedio a tan triste situación.

Pedro Nolasco nació en Francia y se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento. Tampoco se conoce el nombre de sus padres. Si se sabe que fueron personas ricas y nobles. Cuando él tenía 15 años murió su padre. Para esa fecha Pedro tenía una fe tan firme que se consagró en cuerpo y alma a Dios, haciendo votos de perpetua castidad. Pocos años después también murió su madre.

Ya sin el consuelo de los padres, Pedro viajó a España, con la promesa de visitar el Santuario de la Virgen de Monserat, cercano a la ciudad de Barcelona. Esa fue su primera parada en España. Allí estuvo durante varios días en ayuno y penitencia. De ese santuario partió hacia Barcelona (1213) donde se identificó con el dolor y las miserias de los cautivos y otras víctimas de la guerra entre moros y cristianos.

Pronto empezó a actuar. Vendió cuanto tenía y empezó la compra y rescate de cautivos. La noche del 1 de agosto de 1218, estando Nolasco en oración, se le apareció la Virgen María, le animó en sus intentos y le transmitió el mandato de fundar la Orden Religiosa de la Merced para redención de cautivos.

El Padre Gaver, en el 1400, relata como la Virgen llama a S. Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela su deseo de ser liberadora a través de una orden dedicada a la liberación.

“Nolasco: ¿Quién eres tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?

María: Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy aquella a la que dijo Simeón. cuando ofrecí mi Hijo en el templo: ‘Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma’.

Nolasco: ¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿Quién podrá creer (que tú me mandas)?

María: No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío; será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los cristianos) y serán signo de contradicción para muchos.”.

San Pedro Nolasco, apoyado por el rey Jaime el Conquistador y aconsejado por San Raimundo de Peñafort, funda el 10 de agosto de 1218 en Barcelona la “Celestial, Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced”, para la redención de los cautivos en poder de los musulmanes. La palabra merced quiere decir: misericordia, ayuda, caridad; deriva del latín merx, mercadería – merces, paga, recompensa – acto de benevolencia, beneficio gracioso.

Los caballeros de la orden de los mercedarios se comprometían con un cuarto voto a quedarse como rehenes, si fuera necesario, para liberar a otros mas débiles en la fe. Oraban, reunían ayudas y acudían a tierras de cautivos, pagaban los rescates o se quedaban en su lugar hasta que al cabo de unos cinco años llegara la próxima expedición.

La trayectoria de esta benemérita Orden es maravillosa y heroica: “Desde su inicio y durante los seis siglos siguientes pudo redimir a más de ochenta mil cautivos devolviéndoles a su patria y a su hogar con el precio de mil quinientos mártires que derramaron su sangre por la conquista de la libertad de los cristianos”.

En el siglo XVIII en concreto a partir de 1719, cesa la redención de presos cautivos por musulmanes en tierra de infieles y la presencia mercedaria se instaura en las cárceles de España. La Virgen de la Merced fue designada patrona de prisiones en España el 27 de abril de 1939.

Con él paso del tiempo la Virgen de la Merced era cada vez más conocida, asociándose paulatinamente con la redención de cautivos e invocándose en momentos de especial opresión en Europa después de la II Guerra Mundial. Francia, por ejemplo, multiplicó la imagen de María de la Merced con símbolos de liberación; cadenas rotas, una alambrada deshecha…

Posteriormente, la advocación de la Virgen de la Merced ha pasado a ser, de auxiliadora en las guerras, a Madre de gracia y misericordia para todos. Ella reparte favores a las personas o trabaja en unión con los hombres y las mujeres, laicos, religiosos y filántropos, que lo dan todo por ayudar a países más necesitados. La Virgen de la Merced genera una fuerza de misericordia y de liberación, sean cuales sean las cadenas de la esclavitud.

BRÁCANA, TRONO DE LA REINA DE LAS MERCEDES.

El pueblo de Brácana, y cada uno de sus vecinos, es como un gran corazón, cuyo latir siempre es la Señora de las Mercedes. Cada día del año, a cada instante, su sola invocación, su sólo nombre, es para todos los bracaneros, causa de salud, de alegría, de esperanza, y de verdadera unidad. La Virgen es la que alienta su fe, es la que les lleva hasta Cristo, hecho Eucaristía, para permanecer siempre a su lado.

Por eso, cada 24 de Septiembre, no es un día más en el calendario, sino la fiesta de la Señora, de la Patrona, de la Reina de todos sus corazones. Desde esta página os invitamos a todos, a participar de los cultos organizados por su Hermandad para honrarla, y a no faltar ninguno ni ninguna, a la solemne procesión que tendrá lugar esa tarde del 24 de Septiembre, y a no parar de gritar. ¡Viva la Virgen de las Mercedes!


CULTOS EN HONOR DE LA VIRGEN DE LAS MERCEDES, PATRONA DE BRÁCANA (GRANADA)

Del miércoles 15 Al jueves 23
- 19:30 Solemne Novena en Honor a Nuestra Sagrada Titular con motivo de su festividad. Rezo del Santo Rosario y ejercicio de la novena.

Jueves 23
- 19:30 Devota ofrenda floral a Ntra. Sra. de las Mercedes.( se ruega flor blanca y roja)

Viernes 24
- Festividad de Ntra. sra. de las Mercedes, Patrona de Brácana, Sagrada Titular de Ntra. Hermandad y orgullo de los Mercedarios.
- 7:00 Alegre despertar con disparo de cohetes y repique de campanas para felicitar a Ntra. Patrona.
- 7:30 Rosario de la Aurora (Procesión del Alba, del Estandarte corporativo de Ntra.
Hermandad.)
- 20:30 Solemne Celebración Eucarística en honor a Nuestra Sagrada titular Ntra. Sra. de las Mercedes.
- 21:30 Solemne y triunfal desfile procesional de Ntra. Sra. la Santísima Virgen de las Mercedes por las calles de su
pueblo. Acompañada por las juntas de gobierno de las Hermandades de las localidades vecinas y por la agrupación musical del municipio de Illora.
( se ruega el adorno de las plazas, calles y balcones al paso de Ntra. Sra.)


Recorrido procesional: Salida de su cede canónica en la plaza San Luis, C/ Ancha, C/ Olivo, C/ Horno, C/ Peñas, Avd. Andalucía, C/ Fuente, C/ Horno, Regreso a su sede canónica en Plaza San Luis.



viernes, 17 de septiembre de 2010

BEATO FRAY LEOPOLDO DE ALPANDEIRE, UN MILAGRO DE SENCILLEZ Y HUMILDAD

El pasado 12 de Septiembre, fiesta del Dulce Nombre de María, la Iglesia de Granada, la Iglesia Universal, celebraba con gran alegría, la incorporación al número de los beatos, de Fray Leopoldo de Alpandeire, un verdadero milagro de sencillez y humildad, para todos los cristianos.
Desde la Parroquia de Íllora, fuímos dos autobuses a la celebración eucarística, en la que se íba a anunciar el decreto de beatificación del siervo de Dios Fray Leopoldo de Alpandeire.
Son muchas las personas de Íllora, que le conocieron, cuando llegó a nuestras tierras, pidiendo limosna por "amor a Dios". Su confesor además, era de estas tierras, Fray Benito de Íllora, por lo que la vinculación con nuestro pueblo era manifiesta.
La celebración fué inolvidable, emocionante, muy bien organizada, y con una multitud de fieles, que daban gracias a Dios, por el don de este humilde fraile capuchino.
No podemos dejar en
estas páginas de recoger estos momentos, primero por la admiración que sentimos hacia la vida, la fe, y la intercesión de Fray Leopoldo. También porque si había algo que destacó en su vida, fué su profunda devoción y amor por la Santísima Virgen María. Y además, porque ya en la pila bautismal de su pueblo natal, Alpandeire, en la serranía de Málaga, la imagen que ha presidido siempre dicha capilla, es la imagen de la Virgen del Carmen, algo que nos une emocionalmente.
Que el recuerdo de su vida, de la celebración de su beatificación, sea una alabanza a Dios, por seguir haciendo maravillas en las personas más sencillas y humildes de la tierra.

La biografía de su vida ha sido tomada de la página: frayleopoldo.org/biografia.htm

EL SENCILLO TESTIMONIO FRANCISCANO DEL LIMOSNERO CAPUCHINO MUERTO EN GRANADA, EN 1956”.

“Fr. Leopoldo, el místico de la humildad por las calles de Granada”



El 9 de febrero de 1956, en el corazón de la noche, se apagaba en Granada Fr. Leopoldo de Alpandeire. La muerte llegaba, pasada la media noche, pero con las primeras luces del alba, la noticia corría de boca en boca y comenzaba un desfile inesperado de personas que pasaba ante sus venerados restos, expuestos en la iglesia de capuchinos, para darle el último adiós, tocar su cuerpo con toda clase de objetos: pañuelos, rosarios, estampas..., culminando con un multitudinario funeral en el que no faltaron las autoridades civiles y religiosas.
Objetivamente había muerto un religioso anciano de noventa y dos años que no gozaba de grandes méritos por obras clamorosas a favor de la ciudad, que no pertenecía a dinastías nobles, ni a linajes de abolengo, que no había hablado desde cátedras o púlpitos, porque no brillaba por su saber, Tampoco había dejado su convento para hacerse misionero en tierras lejanas. Era sólo un humilde hermano capuchino que había recorrido las calles de Granada pidiendo la “limosna” de puerta en puerta, durante 50 años. La sorpresa suscitada por la llegada de tanta gente, sin haber sido llamada bajo forma alguna de propaganda, contiene, al menos implícitamente, una duda. La sorpresa nace cuando sucede algo que nadie esperaba y esconde dentro o tras de sí una duda.
Estas dudas expresan un estado de ánimo para poder entrar dentro de la perspectiva específica de la santidad de Fr. Leopoldo. La duda con las ambivalencias que lleva consigo, es el hilo conductor para seguir un componente de la espiritualidad cristiana, emparentado con todos los demás, y que podemos llamar mística del anonadamiento.
Dudaron de manera ambivalente entre la sorpresa y la duda muchos contemporáneos de Jesús, comenzando por sus propios paisanos que, “admirados de sus propias palabras”, comentaban: “Pero, ¿no es éste el hijo de José, el carpintero?, Y ¿su madre no se llama María” (Luc. 4, 22 y par.).
Es la mística de las “personas sin importancia”, “humanamente poco dotadas”, de las que se sirve Dios para realizar su obra. La figura de Fr. Leopoldo debe ser colocada en este filón de la espiritualidad evangélica, puesta particularmente de relieve por el franciscanismo.
Es clásica en el cap. X de Las Florecillas la pregunta de Fr. Maseo a san Francisco: “Por qué todo el mundo va detrás de tí? y la respuesta de san Francisco: “... porque no hay entre los pecadores nadie más grande ni vil que yo”.
Esta página de Las Florecillas traduce, casi como si se tratara de una representación sacra, un concepto bíblico presente en el Magnificat y en la primera Carta a los Corintios.
En el Magnificat María reconoce en sí misma el modo de actuar de Dios que “ha mirado la humildad de su sierva” (Luc. 1, 47). En la primera Carta a los Corintios, Pablo manifiesta el mismo modo de obrar: “Dios ha escogido lo necio del mundo para humillar a los sabios, Dios ha elegido a los débiles del mundo para humillar a los fuertes, a los plebeyos y despreciados del mundo ha elegido Dios, a los que no son nada, para anular a los que son algo” (1 Cor. 1, 27-29).
En esta perspectiva el carisma franciscano ha creado sugestivos testimonios de formidables “personas sin valor ni importancia alguna”. Fr. Junípero, en los orígenes del franciscanismo. También entre los capuchinos, san Félix de Cantalicio, san Serafín de Montegranario, san Crispín de Viterbo, san Conrado de Parzhan, san Francisco de Camporroso, san Bernardo de Corleone, Beato Nicolás de Gésturi...; ellos sabían sobre todo vivir entre los últimos, junto a los hombres sin importancia, habían escogido, evangélicamente, los últimos puestos. Entre ellos Dios ha elegido a muchos de sus colaboradores, comenzando por los apóstoles.v La mística del anonadamiento o de la identificación con los últimos, con los que no cuentan, trae su origen de la Encarnación del Hijo de Dios, que se ha “anonadado”: “se vació de sí mismo y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres” (Filp. 2, 7).
Una atención del todo particular merece aquí a este respecto la figura de Fr. Leopoldo de Alpandeire, en cuanto que se coloca entre los últimos modelos de aquella hilera, ocho veces secular, de hermanos limosneros, de aquellos pobres evangélicos que se encuentran a un nivel de mendicidad por opción, por vocación y por elección. Es éste un momento importante para la puesta a punto de un carisma que el cristianismo proclama no tanto con la fuerza de una motivación teológica, sino sobre todo con el testimonio existencial, ascético: el carisma que reivindica al hombre como valor altísimo del universo. En la sociedad del bienestar aun queda sitio para figuras como Fr. Leopoldo. El fue un humilde limosnero por las calles de Granada y, con su vida silenciosa, se transformó en un mensaje elocuente del amor misericordioso de Dios. De religioso “buscador” para ayudar a las necesidades de los demás, se convirtió en religioso “buscado”. El siguió de cerca el ejemplo de san Francisco, el cual invitaba a todos a seguir el camino del bien más con el ejemplo que con las palabras.
Durante 35 años, Fr. Leopoldo se llamó Francisco Tomás. Había nacido en Alpandeire, pueblecito de la serranía de Ronda en la provincia de Málaga, un 24 de junio de 1864. Fueron sus padres Diego Márquez y Jerónima Sánchez, que, además, tuvieron otros hijos. De sus padres, Francisco Tomás, aprendió los buenos modales, los principios cristianos y las prácticas religiosas. De niño cuidaba el pequeño rebaño de ovejas y cabras de la familia y pronto aprendió a cultivar la tierra: arar, sembrar, segar, trillar...Trabajó sin descanso. ¡Siempre trabajó sin descanso! Ya de niño tenía un “corazón de oro”, grande e inmenso como el cielo, profundo como el océano. Ni aun de niño se cerró, egoísta, a la compasión. Entre trabajos y rezos pasó su juventud. Todo transcurría con normalidad, su vida se desliza como el agua de un arroyo que, oculto entre las zarzas, serpentea montaña abajo. Vivió santamente. Entre su familia echó las raíces de su santidad. Su vida en el siglo fue como un noviciado, una preparación para la vida del claustro.
Un día, oyendo predicar sobre el Beato Diego, en Ronda, con ocasión de las fiestas de beatificación del taumaturgo capuchino, decidió hacerse capuchino como él, vistiendo el hábito el 16 de noviembre de 1899, en Sevilla. Su ingreso en religión no fue una conversión clamorosa, no supuso un cambio radical de rumbo en su vida, le bastó sólo con sublimar compromisos y actitudes hasta entonces cultivadas. La azada lo perseguía como fiel compañera mientras él continuaba cultivando la huerta de los frailes. Para entonces ya había aprendido a sublimar el trabajo, a transformarlo en oración y en servicio a los hermanos. Como todos los santos hermanos capuchinos, Leopoldo fue un gran trabajador, ya que, como ellos, estaba convencido de la virtud redentora del esfuerzo humano. Reflexionando sobre este aspecto de la vida de estos santos hermanos, se ha querido hacer una espiritualidad sobre el trabajo.
Leopoldo llegó por primera vez a Granada el otoño de 1903, y durante los primeros años (ignoramos concretamente hasta cuando) desempeñó el oficio de hortelano. El trabajo y la soledad del convento hicieron crecer en él la ascesis y la mística. Como escribe uno de sus biógrafos, fue un “contemplativo entre el agua de las acequias, las hortalizas, los frutales y las flores para el altar”.
La santidad no se improvisa, pero hay que construirla día tras día. Acabado el noviciado y hecha la profesión, pasó cortas temporadas como hortelano, ayudante de cocina, en los conventos de Sevilla, Granada y Antequera.
En 1914 llegaría por segunda vez a Granada, donde permanecería hasta su muerte. Allí ejerció como limosnero durante 50 años, recorriendo los pueblos y provincias de la Andalucía oriental. En la España difícil de los años treinta del siglo pasado, Fr. Leopoldo recibió insultos y amenazas de muerte, casi todos los días, con frecuencia lo apedreaban y una vez escapó de la lapidación porque intervinieron en su defensa algunos hombres valientes. Pasados aquellos años difíciles, Fr. Leopoldo, en su diario quehacer de limosnero, seguiría recorriendo las calles de Granada, pidiendo el pan material para sus hermanos y, devolviendo a cambio, su oración, fruto de ese mundo sobrenatural en el que él vivía inmerso; así, en la medida en que avanzaban sus años, se iría haciendo popular su figura y agigantándose su santidad.
Es en su tarea de todos los días, donde Fr. Leopoldo había encontrado el modo de derramar sobre todos la bondad divina: rezaba tres Ave Marías. La devoción a la Virgen nace en su misma infancia, cuando de pastorcillo, pasaba el día rezando el rosario. Devoción que luego de capuchino se hizo singular y extraordinaria. “Vamos a rezarle tres Ave Marías a la Santísima Virgen”, repetía una y otra vez, cuando alguien le pedía un favor. Era su manera de poner a la Virgen como intercesora ante su propio Hijo. Quienes le conocieron, dicen que cuando decía : “Dios te salve, María, llena eres de gracia”, parecía como si estuviese viendo y hablando con nuestra Señora.
En el ocaso de su vida, un acontecimiento relevante nimbó la monotonía de sus días. Fue la celebración de sus bodas de oro de religioso. El P. Benito de Illora, su confesor, preparó el acontecimiento. Hubo bendición del papa Pío XII, telegrama del P. General de la Orden, misa presidida por el P. Provincial y tantos bienhechores que quisieron acompañarlo en la celebración. El hecho fue recogido en el periódico local. Fr. Leopoldo, al tener noticia de ello, comentó a un religioso: “Ya ves, hermano, nos hacemos religiosos para alejarnos del mundo y, ahora, hasta nos sacan en los papeles”.
El paso del tiempo se hacía notar. Caminaba lentamente. No es difícil comprender que la pérdida de salud se debía principalmente a su austeridad de vida, a las penitencias voluntarias, al sufrimiento producido por sus enfermedades. Siempre iba por la calle con los pies en el suelo, el corazón en el cielo y el rosario entre las manos, como san Félix de Cantalicio, el primer santo de la Reforma Capuchina. Iba por Granada silencioso, recogido y en actitud contemplativa, siempre edificante, suscitando, a su paso, la admiración de la gente que se acercaba a besarle el cordón, a darle una limosna o a pedirle una oración por algún problema o necesidad. De sus ojos emanaba una belleza única, límpida como el azul del cielo, reflejo de su candor interior, que se transformaba en paz y serenidad.
Tres años antes de su muerte, pidiendo la limosna, cayó rodando por unas escaleras y sufrió fractura de fémur - dicen que le empujó el demonio - . Sin operación alguna, debido a su avanzada edad, los huesos se anudaron y Fr. Leopoldo regresó al convento y pudo caminar, con la ayuda de dos bastones. Así pudo entregarse totalmente a Dios que había sido la única pasión de su vida.
El misterio de su anonadamiento llegó un día a su fin. “Estoy como Dios quiere”, había repetido en vida muchas veces Fr. Leopoldo. “Estando como Dios quiere estoy contento”. “Hagamos todo por amor”. Fr. Leopoldo, como Francisco de Asís, se había transformado en otro Cristo crucificado. La luz de su vida se apagó una fría mañana del 9 de febrero de 1956. Y, desde su popular y clamoroso entierro, su vida sigue iluminando a cuantos, por su intercesión, se acercan a Dios. Su sepulcro en Granada, es visitado por un sin fin de devotos que son prueba evidente de los dones que Dios sigue derramando a través de la humildad de su siervo.

L’Osservatore Romano, 17-18 febrero 2003


Fr. Alfonso Ramírez Peralbo
Roma – Postulación General OFMCap.


Fotografías de Granada de Juan Manuel Gómez Segade, con nuestro sincero agradecimiento.


CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA DE LA BEATIFICACIÓN DE FRAY LEOPOLDO.

La cantante Rosa, abrió la celebración con el canto del "Ave María", que nos llenó a todos de una intensa emoción:




Homilía en la celebración Eucarística de la Beatificación de Fray Leopoldo

Angelo Amato, SDB




Excelencias Reverendísimas, Reverendos Padres Capuchinos, Reverendos Sacerdotes y Reverendas Religiosas, Autoridades civiles y militares, queridos hermanos,

1. La beatificación de Fray Leopoldo es hoy un acontecimiento de gran alegría y de júbilo inmenso para todos, de modo especial para la ciudad de Granada y para los beneméritos Padres Capuchinos, que tantos testimonios de santidad han dado a la Iglesia y al mundo. Fray Leopoldo, que desde el cielo se alegra al vernos aquí reunidos en oración, es otra piedra preciosa que embellece, con el esplendor de su existencia religiosa, la gloriosa Orden de los Capuchinos.
Un agradecimiento especial va dirigido a nuestro Santo Padre, Benedicto XVI, que con la carta Apostólica ha concedido el título de Beato a Fray Leopoldo de Alpandeire, exaltando su vida ejemplar de oración, de humildad y de su cercanía a los pobres y afligidos.
Como Moisés, también Fray Leopoldo, fue durante toda su vida un hombre de oración que suplicaba a Dios alejara los males de su pueblo y derramara sobre él sus bendiciones (Ex 32,7-14). Fray Leopoldo enseñó el camino de la justicia, según las palabras del salmista: “Enseñaré a los rebeldes tus caminos y los pecadores volverán a ti […]. Señor, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza” (Sal 51,14.17). Fray Leopoldo fue el padre bueno, que se alegra del arrepentimiento del hijo rebelde y organiza una fiesta cuando regresa a la casa paterna (Lc 15,1-32)-
La liturgia eucarística de hoy subraya así la figura espiritual del Beato Leopoldo. Pero, ¿quién era en realidad Fray Leopoldo? Hemos escuchado la lectura de algunos de sus rasgos biográficos, por lo demás bastante conocidos por todos vosotros.
Permitidme compartir con vosotros algunas impresiones mías sobre esta extraordinaria figura de Hermano Capuchino Limosnero, cuya existencia se desarrolló casi toda en esta ciudad.

2. Si Granada es conocida en todo el mundo por La Alhambra (el castillo rojo), para muchos devotos diseminados por el mundo, Granada es la ciudad de Fray Leopoldo, la ciudad afortunada que ha contemplado el espectáculo glorioso de la santidad del Beato Leopoldo. Por eso, Granada en el 2006 nombró al humilde hermaníco limosnero Hijo adoptivo de la Ciudad.
Sin embargo, cuatro siglos antes, otro gran héroe de la caridad, san Juan de Dios, había recorrido las calles de Granada, realizando milagros y construyendo grandes obras de acogida y de asistencia para los enfermos y los pobres de su tiempo. Como san Juan de Dios, también el Beato Leopoldo recorrió día tras día, durante cincuenta años, las calles de esta maravillosa ciudad, edificando al pueblo de Dios con su caridad y su bondad. Fray Leopoldo quería santificarse imitando a otros grandes santos capuchinos, laicos y limosneros como él, como el romano san Félix de Cantalicio (1515-1587), el sardo san Ignacio de Láconi (1701-1781), el genovés san Francisco de Camporroso (1804-1866). Se cuenta que en la fiesta de san Félix de Cantalicio, hermano limosnero y primer santo capuchino, Fray Leopoldo preparaba las rosquillas que se bendecían en la misa conventual y luego se regalaban a los bienhechores1. Como para san Félix, analfabeto, pero lleno de sabiduría para las cosas espirituales, también para nuestro Beato su libro era Jesucristo Crucificado y las únicas letras que conocía eran seis, cinco rojas y una blanca: las cinco letras rojas eran las llagas del Crucificado, la letra blanca era la Bienaventurada Virgen María.

3. Caridad, humildad y devoción mariana son los rasgos distintivos de su santidad. Todos los testigos afirman que Fray Leopoldo tenía un corazón de oro. Desde su infancia se había mostrado generoso y caritativo. Era habitual en él compartir su merienda con otros pastorcillos más pobres. Un día distribuía a los pobres el dinero, ganado con tanta fatiga en los duros meses de la vendimia de Jerez. Al verlo, el hermano mayor lo reprochó y le quitó de un manotazo el monedero. No pudiendo ya repartir más dinero, el joven Francisco Tomás entregó sus botas al pobre siguiente con el que se encontró2.
Su vida estuvo tejida de trabajo y de oración. De capuchino, trabajó como hortelano, portero, sacristán, limosnero y, si hacía falta, como enfermero para cuidar a los enfermos y a los ancianos del convento. Pero su verdadero apostolado fue el de limosnero de su convento. Como hermano limosnero, se cargaba con las alforjas a las espaldas, como Jesús con la cruz, y así caminaba pidiendo limosna. Se hacía pobre para mantener a sus hermanos.
Recibía de la gente buena la limosna material, devolviendo a cambio la caridad de su bondad, de su serenidad, de su consejo. Siguiendo el ejemplo de san Francisco, nunca fue un ladrón de limosnas. Pedía y recibía sólo por amor de Dios. Con frecuencia recibía insultos, apedreamientos y una vez estuvo a punto de que lo lincharan. Pero los niños y la gente sencilla lo acogían jubilosos, porque hablaba de la bondad de Jesús y les señalaba el camino del cielo.
Cierto día un grupo de segadores le grito: “Vagabundo, trabaja en lugar de ir por ahí dando vueltas. Ya nos podrías echar una mano”. Fray Leopoldo se acercó y se puso a trabajar con ellos, dejándolos atrás por su habilidad de campesino. Les dijo que había sido un campesino como ellos y que en el convento cuidaba de la huerta: “Hermanos, soy uno más como vosotros”. Esto le permitió que lo mirasen con respeto e, incluso, pudo enseñarles un poco de catecismo3.
Una vez entró en un comercio de Plaza Bib-Rambla. Aquel día el dueño había vendido poco y no sólo no le dio la limosna, sino que lo insultó gravemente. El Siervo de Dios escuchó con paciencia y se alejó. Al día siguiente regresó y le dijo: “Hermano, recemos a la Santísima Virgen tres Ave Marías”. Aquel hombre, conmovido, las rezó y durante un poco de tiempo Fray Leopoldo pasaba por allí para rezar las tres Ave Marías.
Llegó el tiempo triste de la persecución religiosa (1930-1939), que quería acabar con la Iglesia. Conventos quemados, religiosos y monjas expulsados o asesinados. Sin un proceso legal fueron asesinados 13 obispos, más de cuatro mil sacerdotes y religiosos y cerca de trescientas religiosas. Según los historiadores, una hecatombe de estas magnitudes en el breve periodo de pocos meses, no se había conocido ni siquiera durante los tres siglos de las persecuciones romanas y ni en la misma revolución francesa. Los capuchinos españoles asesinados bárbaramente fueron un centenar. Fray Leopoldo sabía los riesgos que corría pidiendo limosna por las calles de Granada. Muchos le ahorraron porque los defendían los pobres, los cuales reconocían “es un pobre como nosotros”. Incluso los más acerbos anticlericales admiraban su mansedumbre, exclamando: “¡Si todos fueran como él!”.
Era caritativo incluso en los juicios sobre los demás excusando y justificando a todos. Decía la verdad, pero con caridad. Un día le preguntaron si consideraba santo a un compañero, que en modo alguno era ejemplar. Fray Leopoldo respondió: “Es santo a su manera4”.

4. Su caridad venía acompañada de una extraordinaria humildad. Un día nuestro Beato entró en el Café Suizo y se acercó a una mesa. Recibió insultos y golpes. Cayó por tierra. Levantándose, dijo con humildad: “Me habéis golpeado y tirado al suelo; ahora, por favor, dadme la limosna por amor de Dios5”.
Toda Granada pedía oraciones y consuelo a Fray Leopoldo. La gente piadosa le decían con frecuencia: “Fray Leopoldo, rece por mí, porque Usted es un santo”. Enseguida respondía: “Santo no, no soy un santo. Santo es el hábito que llevo6”.
Era enemigo de las alabanzas y rechazaba la adulación. La gente no se le acercaba solamente por su caridad, por su fama de milagrero, por sus consejos llenos de sabiduría. Lo buscaba, sobre todo, por su humildad, lo veían como un verdadero amigo de Dios y del prójimo No manchó nunca su corazón con la soberbia. No se subió nunca al pedestal de la gloria. Jamás se jactó nunca de nada. En comunidad buscaba siempre retirarse al rincón más escondido. Cuando celebró los cincuenta años de profesión, el 16 de noviembre de 1950, un periódico de Granada escribió artículos llenos de estima y de alabanza. Fray Leopoldo sufrió mucho por ello: “Qué apuro, nos hacemos religiosos para servir al Señor en el retiro y ahora nos sacan hasta en los periódicos7” . No le gustaba ser fotografiado. Lo consentía sólo cuando se lo ordenaba el superior.
La humildad le permitía incluso corregir al prójimo, sobre todo a los que blasfemaban. Un día un trabajador, a penas lo vio, comenzó a blasfemar. Fray Leopoldo se acercó y le dijo: “Si quieres ofender al fraile, hazlo, pero no ofendas al Señor”. El hombre lo escuchó con mucho respeto y se avergonzó de lo que había hecho8. Otro día un lechero blasfemaba cerca del Convento de la Encarnación porque se le había derramado la leche de la cántara. Fray Leopoldo se acercó al pobrecillo y le dijo que el nombre de Dios había que invocarlo solamente para alabarlo. El lechero pidió disculpas diciendo que había perdido el jornal de aquel día. El Siervo de Dios lo socorrió con el dinero recibido de la caridad, recomendándole que alabara siempre el nombre del Señor9.

5. Además del Crucifijo del Cristo del Perdón, tenía gran devoción a la Santísima Virgen con el rezo del Ave María. Las tres Ave María eran su Magnificat. Del corazón de nuestro Beato, esta oración se elevaba como una paloma hacia las blancas cumbres de Sierra Nevada hasta llegar al corazón de la Virgen María. Las tres Ave María tenían siempre la misión de cambiar el agua del dolor y de la tristeza en el vino del consuelo y de la alegría. Ante las miles de preguntas y peticiones de todo tipo, la respuesta de Fray Leopoldo no consistía en muchas palabras o en consideraciones especialmente elevadas, sino que era sencilla y concreta: querido hermano, querida hermana, reza con fe tres Ave Marías a la Divina Pastora. Fray Leopoldo tenía absoluta confianza en la eficacia de esta oración mariana. Cuando entraba en las casas saludaba siempre con el rezo de las tres Ave Marías. Dice un testigo: “Aquellas Ave Marías las rezaba con tanta piedad que me hacía pensar que valían más que los 365 rosarios que yo rezaba en un año10”.
Un día, en contra de la opinión de los vecinos, entró en una casa de la Calle de la Cruz, donde vivía una mujer casada que llevaba una vida desordenada. Fray Leopoldo entró, visitó las habitaciones y sin saber quién era la mujer, le aconsejó que sirviera y amara mucho al Señor y a la Virgen María. En el momento de la despedida, la señora lo acompañó a la puerta, rogándole que volviera siempre que quisiera por su casa. Desde entonces, la señora cambió de vida. Cuando murió el Siervo de Dios, la mujer pasó toda la noche rezando, sin alejarse de allí. Decía: “Desde que entró el Siervo de Dios, en mi casa reina la paz y la serenidad11”.
Un hermano, viendo que Fray Leopoldo tenía muchos rosarios ordenados encima de su mesa, le preguntó el por qué. Nuestro Beato respondió que los fieles, cuando compraban los rosarios, deseaban que un fraile los inaugurara rezando. Como en el convento él era el religioso más anciano, los hermanos le llenaban la mesa con todos aquellos rosarios. Fray Leopoldo estaba contento de poder rezar a la Virgen por las intenciones de aquellos piadosos devotos.
Se cuenta aún este hecho. Frente al convento de los capuchinos de Granada se encuentra el monumento más antiguo de España a la Inmaculada, el monumento del Triunfo. Fray Leopoldo un día escuchó que querían quitarlo de allí y llevarlo a otro lugar. Pero él temía que fuera éste el pretexto para dejar a Granada sin la protección de la Virgen. Por esto recurrió a todas las autoridades civiles y por último al alcalde de la ciudad, quien le aseguró que el traslado no se llevaría nunca a cabo. Fray Leopoldo que confiaba sobre todo en Dios y en la Virgen, al salir de su conversación con el alcalde empezó a rezar con gran fe las tres Ave Marías, seguro de que la Virgen habría oído favorablemente su deseo. Hoy, el monumento del Triunfo se encuentra todavía allí, con su bellísima fuente y con sus nuevos y floridos jardines.

6. La caridad de Fray Leopoldo venía acompañada de dones extraordinarios y de muchas otras virtudes. Mientras vivió se le atribuyeron varias curaciones e incluso algunas profecías que más tarde se verificaron. Una de éstas está relacionada con la familia Velasco que, durante la guerra civil, había decidido irse a Madrid, a casa de unos familiares, para huir de la persecución. La noche antes de su partida, con el permiso del guardián, Fray Leopoldo salió del convento y se dirigió hacia la casa de esta familia para aconsejarles de que se quedaran: “No os vayáis, aquí estaréis seguros”. Se quedaron. Después de un tiempo supieron con gran dolor que sus familiares en Madrid habían sido asesinados todos12.
Nuestro Beato rezaba mucho. A menudo se pasaba la noche entera, parte en pie y parte de rodillas, adorando al Santísimo Sacramento. A los hermanos más jóvenes les solía decir: “Hermanos, los ojos en el suelo y el corazón al cielo13”.
Era alegre, sereno, afable, comprensivo, educ
ado e ingenioso. La buena gente de Granada se le acercaba y con las tijeras, sin que él se diera cuenta, le cortaba un pedacito de la cuerda como reliquia. Al superior que se sorprendía por la continua petición de cuerdas nuevas, Fray Leopoldo le respondió: “Padre, no sé qué pasa con las cuerdas de hoy en día, al segundo lavado encogen14” . Fray Leopoldo era una reliquia viva.
Un fraile se preguntaba: “¿Por qué a ti? ¿Por qué todos buscan con gran afán tu
sepulcro, tus reliquias y tus estampas? Tú no eres ni alto ni gallardo, no eres robusto ni arrogante, ni rico ni elocuente, ni culto... ¿Por qué?”. Y la respuesta a esta pregunta era: “Tu eres sencillamente un faro de Dios para los hombres15”.
El Beato Leopoldo era un hombre de Dios, humilde, bueno y caritativo, como el padre misericordioso del hijo pródigo del Evangelio de hoy. La Iglesia, cuando habla de bondad no enseña una idea abstracta del bien, sino que ofrece ejemplos concretos de mujeres y de hombres buenos, en los que se puede contemplar el esplendor de la bondad. Fray Leopoldo era un hombre justo que, irradiando caridad y humildad, hacía posible una convivencia más humana en la Granada de su tiempo. Con su oración rogaba a Dios que visitara a su pueblo, atrayendo de esta manera la abundancia de las gracias celestiales.
Los santos son el valor añadido de nuestra civilización. Nuestro Beato es una señal luminosa de la protección divina sobre la humanidad necesitada de consuelo y de esperanza. Sin los santos una ciudad es como un cielo sin sol y una noche sin estrellas. Los santos oxigenan la atmósfera de nuestra tierra con el perfume de su caridad.
Como los artistas que trabajan el mármol, quitando lo superficial para que emerja la estatua, de igual manera los santos, como los artistas de la belleza de Dios, quitan de su propia humanidad lo que es superficial e inútil, para hacer surgir la esencia y la perfección misma de Dios. Fray Leopoldo era el artista de Dios. Mant
eniendo la mirada fija en la bondad y en la verdad de Dios, transfiguró su propia humanidad enriqueciéndola de belleza sobrenatural.
En este día de fiesta, rogamos al Beato limosnero, que continúe protegiendo la ciudad de Granada, sus habitantes y a todos los fieles que recurren a su intercesión. Pero sobre todo, imitemos de él la caridad y la bondad, perdonando, edificando y beneficiando a nuestro prójimo. Para los santos no hay buenos ni malos, ni ricos ni pobres, ni de derecha ni de izquierdas. Para ellos todos son hijos de Dios. Los santos no dividen, sino que unen, no juzgan sino que perdonan, no odian sino que aman.
Se dice que el Señor había revestido a Granada de tanta belleza que incluso las estrellas del cielo se detienen para admirarla. Hoy las estrellas se han parado para admirar sobre todo la gloria de nuestro Bienaventurado Hermano Limosnero.

ORACIÓN A FRAY LEOPOLDO


Oh, Dios que dijiste: "El
que se humilla será ensalzado", vuelve los ojos de tu misericordia a las virtudes que practicó tu fiel siervo Fray Leopoldo y haz que también nosotros vivamos humildes y puros en tu santo servicio. Dígnate glorificar a tu siervo en la tierra y concédenos por su intercesión la gracia que te pedimos, si es de tu divino agrado. Amén.

JACULATORIA

¡Pastora divina de las almas! Por la filial y tierna devoción que te profesó Fray Leopoldo, dígnate interceder ante la Santísima Trinidad para obtener la gracia que te pedimos.(Tres Avemarías).