ADÓRALE A ÉL...

NUESTRA MADRE DEL CARMEN DE ÍLLORA

RECIBE EN TU HOGAR A LA SEÑORA, ESTOY SEGURO, QUE UNA VEZ RECIBIDA, ESTARÁS DESEANDO DE VOLVER A TENER SU VISITA... NO LO DUDES

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viernes, 29 de abril de 2016

TRIDUO EN HONOR DE NUESTRA MADRE DEL ESPINO DE CHAUCHINA


Desde Cúllar Vega quiso la Señora, venir a nuestra comunidad, para que recordando las palabras que Ella le dirigió a Rosario Granados, volviéramos a acompañar de su mano, el sendero desde nuestra falta de fe, al encuentro con Cristo resucitado.

La imagen es una reproducción de la Señora de Chauchina, que se venera en la Capilla del hogar de Toñi y Niceto.

Agradecemos la confianza que tienen en nosotros, y el permitirnos poder disfrutar de la presencia de la imagen de la Virgen en nuestro Templo, y rezar ante Ella, como Rosario rezó ante la Madre, a las puertas del cementerio de Chauchina.

Han sido tres días llenos de gratitud, de alabanza y adoración, de entonar un Benedictus o un Magnificat, desde lo más profundo de nuestro corazón, a ese Dios Padre, que es todo amor, y que siempre nos desborda y nos sorprende.

Que por muchos años, podamos celebrar junto a Ella, la alegría de la fe, el gozo de compartir lo que tenemos, la confianza plena en las manos de un Dios, que es puro amor por nosotros.























INICIO

Venid, venid os llama su amor, venid, os da consuelo y valor.

A Chauchina vino la Madre de Dios, y junto a un espino, dulce se mostró.

Dime por qué lloras infeliz mujer.

¡Oh, no desesperes! Yo te curaré.

La Desconocida enlutada va, que a su Hijo el pecado muerte vuelve a dar.
Ven al cementerio, lugar de dolor, ven allí, no temas, te acompaño Yo.

Si enferma Rosario, no osa caminar, su mano bendita la Virgen le da.

Oremos al Padre con mucho fervor, y al Hijo que amante en prisión quedó.

Cuando del Dios Justo sintáis el rigor, por los pecadores rogad al Señor.

Prestad amorosos vuestra adoración, al Dios que se ofrece en Manjar de amor.

Ya feliz Rosario, curada se ve, y a su bienhechora la busca otra vez.

¡Buena Mujer!, dice su ingenuo candor, que ella no sabía que era la Madre de Dios.

El pueblo devoto viendo tal favor, dice ser la Virgen, quién lo ejecutó.

Todos congregados con gran devoción, Virgen del Espino, pedimos tu favor.

ORACIÓN
Gloriosísima y Soberana Virgen Santísima de los Dolores, que, apareciéndoos junto a un espino en el campo de Chauchina, quisisteis mostraros enlutada por la muerte que vuestro Divino Hijo, recibe cada día en el corazón de los pecadores, admitid en vuestra amable presencia las humildes preces de vuestros devotos, que, al ofreceros el culto de su filial amor, bajo la advocación de Nuestra Señora del Espino, quieren enjugar las lágrimas que surcan vuestras virginales mejillas, desagraviando a vuestro Divino Hijo, por todas las ofensas que recibe a cada instante, especialmente en el Sacramento de su amor, por las tibiezas de los buenos, y los sacrilegios y blasfemias de los malos.

Recibid, Madre del Espino, la ofrenda de nuestros trabajos y dolores, que humildemente aceptamos con resignación cristiana, uniéndolos a la Víctima Divina que se inmola en la Eucaristía, y así unidos, presentadlos al Eterno Padre, para que, por los méritos de la Sangre Divina se aplaque la Divina Justicia, y deponiendo su enojo, perdone a los pecadores, derramando sobre el mundo abundantes bendiciones de misericordia y gracia.

(Pedimos la intención de este Triduo)

Rezamos tres avemarías

Meditación del día.

FINAL

Salve, Señora, Sol de Chauchina, eres su gloria, Tú su alegría.

Del cielo bajas a nuestra Vega, Tú, del Espino, eres su estrella.

Tú eres el bálsamo de nuestras penas, por Ti, Rosario, salud encuentra.

Vuelve tus ojos, Reina y Señora, a los que ahora penan y lloran.

Chauchina te aclama, Oh Madre de Dios, Tú eres de nuestro pueblo, su orgullo y su honor.

Salve, Señora, Sol de Chauchina. Salve, Salve, Salve Regina.

Nadie diga en este mundo: mis males no tienen cura; porque los cura la Virgen sin medicina ninguna.

Virgen Santa del Espino, Madre de angustia y dolor, intercede con amor ante tu Divino Hijo.

Cura Tú nuestras heridas, consuela al atribulado, apártanos del pecado, salva a las almas perdidas.

Tú has bajado a nuestro suelo movida de compasión; sana nuestro corazón y alcánzanos el consuelo.

Haznos levantar el vuelo de las cosas terrenales, y distribuye a raudales bienes y gracias del cielo.