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viernes, 5 de noviembre de 2010

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS


El 2 de Noviembre, es una fecha muy entrañable para todos. Conmemorar a los fieles difuntos, es recordarnos, que somos personas con los pies en el suelo, pero con la mirada puesta en el cielo, en la meta de nuestro camino, en el destino de todos nuestros anhelos.
Alrededor de esta fecha, son muchas las costumbres y tradiciones que se celebran, pero lo más importante de todas ellas, es que son reflejo, de la esperanza cristiana, de que todo no termina en la muerte, sino que ésta, es el paso a una nueva realidad, una vida, que Jesucristo, con su resurrección, nos abrió sus puertas de par en par.
En este mes de Noviembre, que tradicionalmente, se le llama, mes de los difuntos, es bueno visitar los cementerios, el lugar dónde reposan los restos de nuestros seres queridos, a la espera del momento, en que nuestro Señor, les hará resurgir, para que convocados ante Él, comience un nuevo periodo, una nueva era, la plenitud del Reino de Dios.
Y también, en este mes, es bueno recordar, que nosotros estamos unidos a ellos, por un vínculo muy fuerte, por la fe, por el amor, y por la esperanza. Y ese vínculo se fortalece, cuando unidos en oración, los unos rezamos por los otros. Ellos desde la vida eterna, nosotros, desde nuestra realidad diaria.
Por eso, os invitamos, a ofrecer oraciones por nuestros seres queridos, a participar de la Santa Misa, teniendolos a ellos presentes, y de pedir, por aquellas almas, a las que nadie tiene presente, a las que nadie recuerda.
La unión entre la Iglesia peregrina en la tierra, y la Iglesia del cielo, se hace más palpable en cada misa, porque la Santa misa, es la oración más grande, y con más significado para todos los cristianos.
No dejemos un día de pedir por los difuntos, y de pedirles a ellos, que nos ayuden con su oración. Son nuestros más eficaces intercesores nuestros.


ORACIÓN AL FALLECIMIENTO
DE UN SER QUERIDO

¡Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos; Tú, Señor, que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de un amigo predilecto; Tú, ¡oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo; Tú, Padre amantísimo, compadécete también de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, cómo sangre del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso. ¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al cielo, si aún no te goza en él! ¡Míralas, Señor, para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad con tu divino querer en esta tremenda prueba que tortura el alma! ¡Míralas, oh dulce, oh pidadosísimo Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.

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ORACIÓN POR NUESTROS
SERES QUERIDOS

Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concede a aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor. Amén.

Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua.

Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.

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ORACIÓN DE RECOMENDACIÓN
DEL ALMA A CRISTO


Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) ... (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

(de la página: http://www.devocionario.com/varias/almas_6.html )

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