ADÓRALE A ÉL...

NUESTRA MADRE DEL CARMEN DE ÍLLORA

RECIBE EN TU HOGAR A LA SEÑORA, ESTOY SEGURO, QUE UNA VEZ RECIBIDA, ESTARÁS DESEANDO DE VOLVER A TENER SU VISITA... NO LO DUDES

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viernes, 12 de septiembre de 2014

TERCERA ETAPA DE NUESTRO VIAJE: LOURDES


Estar en Lourdes apenas día y algo, es intentar retener el tiempo, detener las manecillas del reloj, quitarle horas al sueño, y meterte de lleno en una vivencia, que no deja indiferente a nadie que allí va.

Sobre las seis de la mañana, caminaba hacia la gruta, para hacer cola, y poder bañarme en las piscinas que hay junto a la gruta de la Virgen, con el agua bendecida por ella. Y mi sorpresa fue, que cuando llegué, ya había unas cuarenta personas, en la fila de hombres, y más de ochenta en la de las mujeres.


Y en un clima sencillo de oración, rezando el rosario y cantando al Señor y a la Virgen, se espera a que lleguen las 9 de la mañana, que es cuando comienzan a entrar en las piscinas.





 Y siempre es el mismo ritual. Lo primero que te impresiona, es el cariño y la cercanía con la que te reciben todos los que forman la Hospitalidad de Lourdes en Francia, encargados de la organización de todo lo que sucede en Lourdes.

De la cola junto a la puerta, pasas a un pasillo, en dónde en un banco, esperas, frente a unos compartimentos separados por toldos, a que te llamen.


Unas piscinas son para hombres, atendidos por hombres, otras son para mujeres, atendidas por mujeres.


La Virgen comunicó en Lourdes a Bernardita, que fueran a lavarse tanto el rostro, como las manos, como el cuerpo, y que se experimentaría una conversión interior, y también habría sanaciones físicas.


Cuando te llaman a estos compartimentos, separados como por cortinas o toldos de tela bien recia, te encuentras con otros hombres, que quitándose la ropa, esperan para poder entrar en la piscina.

Te quedas en ropa interior, y ya cuando entras al espacio de la piscina, que tiene el tamaño de una bañera, presidida por la imagen de la Virgen, mirando a la pared, te rodean con una tela blanca, húmeda y fresquita, y te piden que te despojes de la ropa interior, te cubren con esa tela húmeda, te animan a orar antes de entrar en el agua, y cogiéndote por cada brazo, comienzas a entrar en el agua, y te llevan ante la imagen de la Virgen, a la que besas, y ya te introducen el cuerpo en el agua.

Está fría, realmente es así. Al incorporarte, vuelves a besar la imagen de la Virgen, siempre cogido por los brazos, para ayudarte a no resbalarte... sales del agua, te vuelven a poner frente a la pared... abren la tela que te envuelve, te colocas la ropa interior, se despiden cariñosamente de ti, y vuelves a ese espacio dónde el resto de hombres esperan poder entrar como tú. Te ayudan a vestirte...y lo curioso es, que será por la reacción del agua fría con tu cuerpo, que entra en más calor, que casi sales con el cuerpo seco, sin haber utilizado ni toalla ni nada para secarte.


Cuando ya estás vestido, se despiden cariñosamente de tí, y continua el sinfín de personas entrando y saliendo.


Esos momentos, son realmente para vivirlos. Se los recomiendo a todos, enfermos o no.


Eran ya algo más de las 9 y media de la mañana...y a las 10, nuestro Párroco, celebraba la Eucaristía, en la Capilla de la Cruz Gloriosa, junto a la Gran Basílica de Nuestra Señora.
















Es como un niño grande, que lo veremos siempre encaramado en los lugares más altos, entreteniéndose de manera que llega tarde, o bromeando como el que más. Pero luego, como sacerdote, siempre disponible, siempre cercano, siempre invitándonos a compartir nuestra fe, y a celebrarla con alegría... ir de peregrinación a Lourdes, a Fátima, a cualquier lugar religioso, contando con un sacerdote como él... es un verdadero don del cielo.






















Y al terminar la Eucaristía, tomamos el sendero hacia el Viacrucis...¡qué emotivo y que intenso fue!, cada meditación de las estaciones, contemplando su representación en tamaño natural en aquel entorno, te sentías embargado, elevado hacia un diálogo íntimo y personal con Él.


La reproducción de la Scala Santa de Roma, en la primera estación del Viacrucis, nos emocionó tanto, nos erizó tanto la piel, al contemplar, como muchas mujeres de nuestro grupo, algunas débiles por la enfermedad, no se lo dudaron dos veces, y a pesar de sus dolencias, subieron la escalera de rodillas, postrándose ante el Señor, esperando su ayuda y fortaleza en su caminar...los que las contemplábamos, no podíamos evitar emocionarnos...

































Y llegamos a la última estación, esa resurrección, esa vida que nunca se agota, que es el pilar fundamental de nuestra esperanza, con la hora de comer... todos los que asistimos al Viacrucis...bajábamos muy satisfechos por la experiencia.




La tarde la empleamos, unos en ir a unas cuevas en Betharam, y otros para seguir descubriendo rincones de Lourdes, como el "pequeño Lourdes", y tantas capillas como se han levantado en este lugar sagrado.


































Y llegaron las cinco de la tarde: La procesión con el Santísimo, a la que asisten todos los enfermos que se encuentran en Lourdes... ¡¡¡sin palabras...increíble!!!




















Y como la tarde se presentó calurosa de más, volviendo al hotel para una cena, bien temprana, había también que refrescarse un poco...




Y a las 9 de la tarde, el cielo se cubrió... en la Explanada de Lourdes, sólo la luz que iluminaba la imagen de la Señora, destacaba entre el inmenso gentío que se había acumulado para el Santo Rosario.

Miles de velas encendidas, dispuestas a acompañar la meditación de cada uno de los misterios del rosario.

Y comenzó a llover... y de forma intensa.

Muchas personas comenzaron a retirarse... pero más eran las que firmes junto a la Virgen, permanecían esperando el comienzo de la oración.

Las imágenes hablan por sí solas...




























Se tiró toda la noche lloviendo... ¡con la faltica que hay de lluvia en nuestra tierra!... y a las cinco de la mañana, ya íba camino de nuevo hacia la Gruta de la Virgen... no paraba de llover, pero ya había allí personas... quería aprovechar las últimas horas en tierra bendita de María...






A las 7 y media de la mañana, comenzó la Eucaristía en español, con nuestro Párroco D. José Luis, y con otro sacerdote que venía con su Parroquia desde Toledo.





Cuando nuestro Párroco vino a por Sebastián y por mí, para leer las lecturas de la Eucaristía, un escalofrío recorría todo nuestro cuerpo...poder hacerlo en el lugar dónde la Virgen puso sus plantas divinas...























No sabíamos si tendríamos ni tiempo para desayunar...pero había valido la pena no dormir toda la noche, la lluvia y todo lo pasado en aquella madrugada... nos marchábamos de Lourdes... pero Lourdes nos lo llevábamos en nuestro corazón...

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