Son muchas
las veces, que nos reunimos con esta intención de hoy: para rezar por
nuestros difuntos.
Y nos puede
pasar, que esto se convierta en un ritual más, de los muchos que ya acarreamos
en nuestra vida.
Y ese sería
un gran error.
Porque si
importante es en una familia, el nacimiento de un hijo, cómo éste va creciendo,
y cada uno de los acontecimientos en su vida; para los cristianos, el momento
duro, a veces, hasta cruel, de la partida, no debiera sólo quedar, en unos días
de duelo, y en la visita de vez en cuando al cementerio, al lugar dónde
descansan sus restos, sino que la fecha del nacimiento de los que más queremos
a la VIDA MÁS PLENA, A LA VIDA ETERNA, tendría que ser, una fecha que nos llamara
la atención constantemente, a vivir con esperanza, a vivir desde el corazón, a
ser auténticos, y a no olvidar, que en el amor que alimenta la fe, todos nos
mantenemos unidos, estemos dónde estemos, hagamos lo que hagamos. Ni la muerte
puede romper esta unión.
Y ese
recuerdo que alimenta nuestra esperanza, porque sabemos, que lo que ya hoy
ellos viven, un día también lo compartiremos nosotros, tiene su origen, en la
resurrección de Jesús.
Desde ese
momento, Él fue a prepararnos la estancia en la que viviremos para siempre, y
hará, que lo que hoy sólo es mortal, que este cuerpo que es mortal, cuando
llegue el momento que sólo Él sabe, lo mortal quede en la caja, y lo más
auténtico de nosotros, nuestra alma, se vista de la inmortalidad, se revista de
vida eterna.
Pero esto
nos cuesta, nos duele, y el Señor que nos conoce como nadie, nos dice: ¡que no
tiemble vuestro corazón!...
Las lágrimas
son la expresión de todo el amor que llevamos dentro, pero que nunca dejemos
que el dolor ahogue nuestra fe.
Hay muchas
cosas que no comprendemos, muchas preguntas que Él sólo nos puede contestar…
por tanto dejémos que Él sea el artífice de nuestra vida, y cuando estemos
frente a Él, habrá tiempo de saber, todo lo que hoy se nos presenta como una
duda, y seguro que encontraremos la respuesta adecuada a todas nuestras
preguntas.
Pero
mientras caminamos por esta vida, no olvidemos a los que ya marcharon delante
de nosotros, unámonos a ellos en la oración, participemos de la misa, que es la
mejor forma de pedir por ellos, de rezar por ellos, y la única puerta, que nos
comunica con ellos.
Los vivos y
los difuntos estamos unidos por el amor, por la fe, y por la oración, y los
unos a los otros, nos ayudamos mutuamente, hasta el día que nos encontremos de
nuevo, pero esta vez, por toda una eternidad.
El Señor es
nuestra vida, nuestro camino, nuestra verdad, sintámoslo así, vivámoslo así, y
seguro, que todo lo que sucede en nuestra vida, lo afrontaremos de forma
distinta, lo relativizaremos todo, en relación, al único que lo es todo, y que
es nuestra meta: el Dios de la vida.
Pidamos a
nuestros seres queridos, que nos ayuden a mantener siempre encendida la
antorcha de la esperanza y de la fe en el Señor, y que nunca nos dejen solos,
porque el camino es difícil, y necesitamos siempre ayuda, porque todos estamos
deseando, volver a ver, a todos ellos en el cielo, y poder unidos, vivir, todo
lo que el sueño de la muerte, por unos instantes, nos robó.
Cada día del año, el santoral de la Iglesia Católica, quiere animarnos en
nuestra fe, en medio de nuestros gozos o de nuestras tristezas, con la vida, y
el ejemplo, de hombres y mujeres de todos los tiempos, que son como nuevos
cristos, que hacen actual el Evangelio, y que en sus palabras y en sus obras,
manifiestan, que en la vida, cuando Tú confías plenamente en Dios, todo tiene
un nuevo sentido, todo se afronta desde una esperanza siempre nueva.
Y una vez en el año, la
Iglesia celebra a todos estos hermanos y hermanas nuestras, como un don que
Dios nos hace, para que no nos desanimemos, para que no tiremos la toalla, ante
tantas dificultades como la vida nos presenta, y que a veces, parece que pueden
más que nosotros mismos.
Hemos escuchado en la primera
lectura del Apocalipsis, la visión del apóstol Juan, de toda esa gran multitud
de personas de toda condición, de toda raza, que alaban al Señor, por todas las
maravillas que ha realizado en sus vidas.
Madres y padres de familia,
hijos, hermanos, religiosos, sacerdotes, laicos, pobres, ricos que han sabido
hacer de su riqueza un motivo para la vida de sus hermanos, en definitiva, un
número incalculable de personas, que nos dicen a tí y a mí, que el Evangelio de
Jesús, está de total actualidad, que vivir según las bienaventuranzas, aún es
posible, que ser cristiano, es comprometerte con la vida, en todo lo que haces
y hablas, que hoy y siempre, hay personas que viven de otra forma, con un
estilo diferente, para los que la fe, es el motor de su vida.
Hoy también la Iglesia nos
recuerda, que si en el santoral hay innumerables personas a las que se propone
como modelos de fe, tanto o más, son las personas, que día a día, viven,
trabajan, hacen tantobien por los
demás, de una forma silenciosa, sin llamar la atención de nadie, sólo de
quiénes les han conocido, y que han marchado a la otra vida, entre la emoción
de quiénes han descubierto en cada una de sus alegrías, en cada una de sus
tristezas, la mano providente de Dios, la cercanía del Señor de la vida.
A Dios no lo vemos con los
ojos, pero sí le descubrimos con los ojos de la fe, en la fortaleza, en la
bondad, en la entrega, en la cercanía de tantas personas, que son llamativas,
precisamente por vivir sencillamente y humildemente, cada momento, pensando
siempre más en los demás que en ellos mismos.
Y a eso nos invita Jesús en el
Evangelio. A ser dichosos, a ser felices, pero desde una felicidad distinta a
la que el mundo propone.
Dice un refrán que es rico no el que más
tiene, sino el que menos necesita. Hay personas que con lo que tienen, sea poco
o mucho, viven tan desprendidamente, viven, tan preocupados por los demás, que
su felicidad, es eso, hacer feliz a los demás. Para gran parte del mundo, han
perdido la cabeza, o son tan buenos, que todo el mundo se aprovecha de ellos.
Para Dios, son dichosos, bienaventurados, porque han sabido descubrir la
felicidad más auténtica.
Aprendamos nosotros la misma
lección, y hagámos de cada momento de nuestra vida, una oportunidad para hacer
el bien a los demás, para encontrarnos con Jesús en cada persona que nos rodea.
Hoy, Domingo 28 de Octubre, fiesta de San Judas Tadeo, Chimenas, población granadina del Temple, celebra a su Patrón. A las 8 de la tarde, dará comienzo la procesión con su Sagrada Imagen, que paseará por una calles, repletas de personas, que de todos los rincones de nuestra provincia, acuden con fervor, para rezar ante el abogado de los casos más imposibles.
En los días precedentes, se ha celebrado un Triduo en su honor, en el que ha participado también nuestro Párroco, D. José Luis, que también lo fué de Chimeneas, y que fué acogido con muchísimo cariño y envuelto en el aprecio de tantos recuerdos vividos a su lado.
Vale la pena acercarse a esta localidad granadina, y participar en una procesión, que deja una huella imborrable.
San Judas Tadeo fue uno de los doce Apóstoles que eligió
Jesús para formar la Iglesia. Judas Tadeo era hijo de Alfeo
Cleofás, hermano de San José y de María Cleofé,
hermana de la Virgen Maria. Sus hermanos fueron: Santiago el Menor,
primer obispo de Jerusalén; Simón apóstol y
mártir; y José, el justo.
Judas Tadeo aparece último en la lista de los doce Apóstoles
de Jesucristo (Mateo 10:3, Marco 3:18). No sabemos cuando ni como
entró a formar parte de los discípulos. Lucas le llama
"Judas de Santiago" (Hechos 1:13). Juan aclara: "Judas,
no el Iscariote" (Juan 14:22). Esta distinción es necesaria
dado a que el Judas Iscariote fue quien traicionó a Jesús.
"Judas" es una palabra hebrea que significa: "alabanzas
sean dadas a Dios". Tadeo quiere decir: "valiente para
proclamar su fe"
Después de la Ultima Cena, cuando Cristo prometió
que se manifestaría a quienes le escuchasen, Judas le preguntó
porqué no se manifestaba a todos. Cristo le contestó
que El y su Padre visitarían a todos los que le amasen: "Vendremos
a él y haremos en él nuestra morada" (Juan, 14,
22-23).
Los Apóstoles vivieron con Jesús y pudieron experimentar
en sus vidas la salvación y el amor que transmita el Señor.
Los apóstoles luego de recibir el Espíritu Santo el
día de Pentecostés, se desparramaron por todo el mundo
predicando la salvación y haciendo muchos milagros en nombre
de Jesús.
Se atribuye a San Judas una de las epístolas canónicas,
que tiene muchos rasgos comunes con la segunda epístola de
San Pedro. No está dirigida a ninguna persona ni iglesia
particular y exhorta a los cristianos a "luchar valientemente
por la fe que ha sido dada a los santos. Porque algunos en el secreto
de su corazón son . . . hombres impíos, que convierten
la gracia de nuestro Señor Dios en ocasión de riña
y niegan al único soberano regulador, nuestro Señor
Jesucristo". Es una severa amonestación contra los falsos
maestros y una invitación a conservar la pureza de la fe.
Termina su carta con esta bella oración: "Sea gloria
eterna a Nuestro Señor Jesucristo, que es capaz de conservarnos
libres de pecados, y sin mancha en el alma y con gran alegría".
Según la tradición occidental, tal como aparece en
la liturgia romana, se reunió en Mesopotamia con San Simón
y que ambos predicaron varios años en Persia y ahí
fueron martirizados. Existe un presunto relato del martirio de los
dos Apóstoles; pero el texto latino no es ciertamente anterior
a la segunda mitad del siglo VI. Dicho documento se ha atribuido
a un tal Abdías, de quien se dice que fue discípulo
de Simón y Judas y consagrado por ellos primer obispo de
Babilonia. Según dice la antigua tradición, a San
Simón lo mataron aserrándolo por medio, y a San Judas
Tadeo le cortaron la cabeza con una hacha y por eso lo pintan con
una hacha en la mano. Por ello, la Iglesia de occidente los celebra
juntos, en tanto que la Iglesia de oriente separa sus respectivas
fiestas.
San Judas Tadeo es uno de los santos más populares a causa
de los numerosos favores celestiales que consigue a sus devotos
que le rezan con fe. Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones
que Nuestro Señor le recomendó que cuando deseara
conseguir ciertos favores los pidiera por medio de San Judas Tadeo.
Se lo venera como patrono y abogado de las causas imposibles.
Oración
a San Judas Tadeo
Apóstol San Judas Tadeo,
fiel discípulo y amigo de Jesús;
fuiste un humilde servidor de tus hermanos
y predicaste el Evangelio hasta dar la vida.
A ti acudimos, poderoso intercesor
en la causas difíciles.
Queremos ser por siempre amigos de Jesús:
enséñanos a seguir sus pasos
y a abrirnos al Espíritu Santo.
Ayúdanos a amar a nuestros hermanos
y a anunciar con alegría su Palabra
para ser mensajeros de la paz.
San Judas Tadeo,
te rogamos que nos protejas
y nos alcances las gracias
que con fe te pedimos. Amén.
Pedir la gracia…
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria…
Himno a San
Judas Tadeo
Tu que llevaste la palabra,
la palabra del Señor,
tu que fuiste mensajero,
mensajero del Señor.
Fiel, apóstol ellos piden,
resolver su situación,
que con bondad tu le concedes,
mirándoles el corazón.
San Judas Tadeo, fiel servidor,
fuiste misionero del amor,
obraste con milagros, lo que el Señor legó,
valiente, poderoso, sanador.
Aclamado por todos abogado,
queremos tu protección,
es tanto y tanto lo que sufre,
aquel que no esta con vos.
Honremos a nuestro protector,
comulgando con fervor,
y así nos haremos agradables,
a los ojos de Dios.
San Judas Tadeo....
San Judas Tadeo, fiel servidor,
que nunca nos falte tu amor.
Autor de cerca de un centenar de obras propias (15 libros y 81
opúsculos), tanto en castellano como en catalán, escribió “Camino recto y
seguro para llegar al cielo” (1846), “Catecismo de la Doctrina
Cristiana” (1848) y de otros muchos títulos, todos ellos de carácter
pastoral y espiritual. Del “Catecismo” se han hecho 185 ediciones, con
más de cuatro millones de librosvendidos, y “Camino recto” es, después
de la Biblia, uno de los libros de los que se han hecho más ediciones en
catalán..
La popularidad de Claret queda también de manifiesto en las
instituciones que lo tienen por patrono: los tejedores, la Real Academia
de Bellas Artes de Barcelona, las Cajas de Ahorro y algunas ramas de
Formación Profesional. Otro dato significativo de su vocación
evangelizadora y de su dimensión interdisciplinar y abierta a la
realidad es la fundación por él llevada a cabo en 1858 de la Academia de
San Miguel, en la que pretendía agrupar las fuerzas vivas de las artes
plásticas, el periodismo y las organizaciones católicos de escritores,
artistas y propagandistas. Fue Claret un hombre de diálogo entre fe y la
cultura, un precursor de la pastoral de Medios de Comunicación y un
pastor siempre atento a las fronteras de la evangelización.
El sacerdote
Antonio Claret, hijo quinto del matrimonio compuesto por Juan Claret y
Josefa Clará, comenzó a los 12 años a trabajar en el telar de su padre.
Cinco años después realizó estudios en la Escuela Comercial de la Lonja
de Barcelona con idea de ser ingeniero textil. En el albor de la
juventud sintió la vocación sacerdotal y, con 22 años, tras dudar si
hacerse cartujo, ingresa en el seminario de Vic. En 1835 es ordenado
sacerdote en Solsona y celebra su primera misa en Sallent.
En 1839 marcha a Roma con idea de estudiar en la Congregación de
Propaganda Fide y convertirse en misionero. Allí considera hacerse
jesuita. Pero, un año después, por motivos de salud, regresa a Cataluña.
Es nombrado párroco de Viladrau, y de 1843 a 1847 se dedica a las
misiones populares, recorriendo más de 150 localidades. Funda en
Barcelona la librería “Claret”. Marcha a Canarias como misionero popular
entre 1847 y 1848. A punto está de producirse su nombramiento como
obispo de Canarias.
En 1849 regresa a Vic. El 16 de julio de aquel mismo año funda la
Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Le
acompañaron entonces los sacerdotes Esteban Sala, José Xifré, Manuel
Vilaró, Domingo Fábregas y Jaime Clotet. Tres meses después, en octubre
de 1849, es nombrado arzobispo de Santiago de Cuba, a donde se traslada
un año después.
El obispo
Tras recibir, en 1850, la consagración episcopal en la catedral de
Vic, viaja a Cuba. En el extremo oriental de la isla, en la
archidiócesis primada de Santiago, realiza un magnífico trabajo
evangelizador durante seis años. Organiza la Iglesia local, lucha contra
la esclavitud, crea granjas-escuelas para niños sin techo, promueve
cajas de ahorro de carácter social, predica la igualdad entre blancos y
negros y predica sin cesar…
En 1855, el día 27 de agosto, junto a la madre María Antonia París,
funda las Religiosas de María Inmaculada o Misioneras Claretianas. En
1856 sufre en Holguín un atentado, el más grave de los que fue objeto.
Claret siempre creyó que había salvado su vida gracias a la intercesión
de la Virgen. El atentado tuvo lugar el 1 de febrero, víspera de la
festividad de la Presentación del Señor y Purificación de su Santísima
Madre.
El confesor real
De 1857 a 1868 será el confesor de la Reina Isabel II.
Vive en Madrid y aprovecha los viajes de la Reina para predicar al
pueblo, a sacerdotes y a religiosos. Es nombrado también patrón del Real
Hospital e Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat de Madrid. Funda la
Academia de san Miguel, ya citada. Es nombrado presidente del patronato
del Real Monasterio del Escorial, donde crea un centro espiritual e
intelectual de primer rango. Alienta la fundación de bibliotecas
populares y parroquiales.
En 1868, al estallar en España la revolución que destronaba a Isabel
II, se ve obligado a marchar al exilio, en Francia, junto a la familia
real. En 1869 y 1870 participa en el Concilio Vaticano I, donde defiende
la infalibilidad del Papa, que será objeto después de definición
dogmática.
En Francia vive primero en Prades, en una comunidad claretiana, pero
poco después debe refugiarse en la abadía cisterciense de Fontfroide, en
el sur del país. Allí fallece el 24 de octubre de 1870. El 25 de
febrero de 1934 es declarado beato por el Papa Pío XI y el 7 de mayo de
1950 es proclamado santo por el Papa Pío XII.
Los misioneros claretianos
Su huella permanece viva en la Iglesia a través de la Familia
consagrada y laical por él fundada, particularmente en los misioneros
claretianos. A ellos legó su carisma evangelizador y sus prioridades
centradas en la formación moral, catequética y espiritual, en el diálogo
con el mundo y el uso de sus medios de comunicación, en la promoción
social y en el compromiso por la justicia.
Actualmente los misioneros claretianos son unos dos mil quinientos
religiosos, entre ellos un cardenal y una veintena de obispos. El
cardenal es el portugués José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Obispos españoles claretianos son los españoles Fernando Sebastián, Luis Gutiérrez y el popular Pedro Casaldáliga, los tres ya jubilados. También es de origen español el obispo en Honduras Ángel Garachana. Hay cerca de quinientas comunidades de claretianos en más de sesenta países de toda la Iglesia.
El 22 de Octubre es el día, en el que la Iglesia nos recuerda, que hubo un hombre, sencillo y profundamente mariano, que transformó nuestra fe, que nos contagió alegría, y que nos aupó a todos a la barca de Pedro, como hasta ahora no se había logrado.
Y...¿cómo lo hizo?
Diez opciones, diez prioridades, diez campos pastorales
recorridos y bendecidos por Juan Pablo II: Los enfermos, la familia y la
vida, los jóvenes, la paz y los derechos del hombre, los viajes,
España, los santos y beatos, el ecumenismo y el diálogo interreligioso,
la modernidad, María
Los enfermos
Juan Pablo II fue el Papa enfermo de los enfermos.
La enfermedad le ha acompañado de manera permanente y lacerante durante
todo su ministerio petrino desde el atentado del 13 de mayo de 1981. Nos
sobrecogió su imagen doblada por la edad y el deterioro físico,
mientras se engrandecía su figura moral. Sus últimos meses del dolor y
de la cruz fueron preludio fecundo la pascua.
Juan Pablo II fue testimonio inequívoco de que la fuerza actúa en la
debilidad y de que la enfermedad es tiempo privilegiado para compartir
la cruz de Jesucristo, la única realidad que nos salva. Juan Pablo II
siempre expresó su gran cercanía, plegaria y solidaridad con los
enfermos y hasta la muerte, además con el ejemplo admirable de su propio
cuerpo crucificado.
La familia y la vida
La encíclica “Evangelium Vitae” y la carta apostólica “Donum Vitae”
fueron quizás los documentos pontificios más representativos de su
magisterio sobre la familia y la vida, otras dos de las realidades que
más han ocupado y preocupado a este Papa, Papa también de la familia y
de la vida. Juan Pablo II defendió y promovió la familia como la célula
básica de la sociedad, como el santuario de la vida, como la esperanza
de la Iglesia y de la humanidad, como la escuela de los mejores valores
cristianos y humanos.
Con valentía y coherencia sin iguales, Juan Pablo II defendió el
derecho sagrado y absoluto de la vida, desde su concepción hasta su
ocaso natural, en cualquier circunstancia y situación para el mundo
occidental y para el Tercer Mundo. La vida y la familia en suma eran
para él dones de Dios, que no pueden ser objeto de debates, recortes y
atropellos en sus inviolables derechos.
Los jóvenes
Una de las características más acusadas del Pontificado de Juan Pablo
II fue su sintonía y cercanía con los jóvenes. No cabe ninguna duda que
fue el Papa de los jóvenes. Si hubiera alguna duda al respecto las
millonarias cifras de jóvenes congregados junto al Papa en las Jornadas
Mundiales de la Juventud y en otros encuentros juveniles hablarían por
sí solas.
¿Cuál fue el “secreto” de este extraordinario carisma de un Papa
incluso anciano y enfermo con los jóvenes? La sinceridad y la
autenticidad con que el Papa les hablaba, el afecto que rezumaban sus
palabras y sus gestos hacia ellos, el testimonio coherente de su propia
vida, la herencia de quien en sus años de sacerdote en Cracovia trabajó
con los jóvenes en la pastoral universitaria y parroquial, la claridad y
fuerza convincente del mensaje predicado… Juan Pablo II fue y sigue
siendo el Papa de los jóvenes. Que se lo pregunten sino -ahora en las
vísperas de la JMJ 2011 Madrid- a los 750.000 jóvenes que se congregaron
con él el 3 de mayo de 2003 en Cuatro Vientos, en Madrid, o en Roma, o
en Denver, o en Manila, o en Santiago, o en Toronto…
La paz y los derechos del hombre
“¡La guerra es la derrota de la humanidad. Nunca más la guerra!” “Yo
pertenezco a aquella generación que ha vivido la Segunda Guerra Mundial y
ha sobrevivido. Tengo, por tanto, el deber de decir a los que sois más
jóvenes que yo: ¡Nunca más la guerra!”. Son las anteriores algunas de
las muchísimas frases y llamadas del Papa Juan Pablo II en favor de la
paz. No cabe ninguna duda en afirmar que él fue el principal profeta y
testigo de la paz de las últimas décadas. La coherencia de su magisterio
sobre la paz ha venido además confirmado por sus gestos y acciones en
favor de este don de dones que es el paz.
Recordemos sus intervenciones por la paz en los conflictos con Irak
de los años 1991 y 2003. O su permanente compromiso por la paz ante la
guerra que no cesa en Tierra Santa, en el país de Jesús. O su actitud
tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. O las jornadas de ayuno
y oración por la paz en Asís de los años 1986, 1993 y 2002. Y es que la
guerra es la derrota de la humanidad. Nade se consigue y arregla con la
guerra; todo se puede conseguir y arreglar con la paz.
El Papa Juan Pablo II fue el Papa del hombre, el Papa de los derechos
del hombre. El título de su primera encíclica, en marzo de 1979, no
podía ser ya más significativo y emblemático: “Redemptor hominis”, “El
redentor del hombre”, que evoca con las primeras palabras como Papa en
el atardecer del 16 de octubre de 1978: “No tengáis miedo: abrid las
puertas a Cristo. Sólo El conoce la verdad y el corazón del hombre”.
En sus viajes por la rosa los vientos de los cinco continentes fue
sido un extraordinario campeón y defensor de los derechos del hombre, de
todo hombre, especialmente de los que sufren por cualquier causa. “El
hombre es el camino de la Iglesia afirmó. Veintiséis años y medio
después la frase quedó más que confirmada y avalada por los hechos de
este Papa del hombre y de sus derechos.
Los viajes
Fue precisamente ésta, su índole de Papa viajero, una de las
características más destacadas y fecundas del espléndido Pontificado de
Juan Pablo II el Grande, de Juan Pablo II el Magno. En su condición de
Pastor de la Iglesia universal, de vicario de Cristo en la tierra, el
Papa Juan Pablo II se hizo presente en el mundo entero. En tiempos de
globalización, él, que acuñó la interpeladora frase de la “globalización
de la solidaridad”, visitó y conoció de primera mano iglesias
consolidadas, nacientes, en dificultades, en crecimiento, separadas, en
medio de las distintas vicisitudes y circunstancias de la sociedad de
los últimos veinticinco años. Su mensaje fue constante, nítido,
profético, evangélico. Como si de un hilo conductor se tratara, Juan
Pablo II fue proponiendo y repitiendo a los habitantes de nuestro
planeta aquellas palabras suyas del atardecer del memorable 16 de
octubre de 1978: “¡No tengáis miedo! Abrid las puertas a Cristo. Sólo Él
es el redentor del hombre”. Desde esta premisa fundamental, desde este
frontispicio, se convirtió también en el Papa de los viajes.
España
En los próximos días 3 y 4 de mayo se cumplen el octavo aniversario
de la V Visita Apostólica a España del Papa Juan Pablo II. Fueron 40
apasionantes horas de gracia y de efusión. “Seréis mis testigos” era el
lema de aquella memorable visita en la que, una vez más, se comprobó
fehacientemente el gran amor de los españoles hacia el Papa y del Santo
Padre hacia España.
En noviembre de 1982 Juan Pablo II visitaba por primera vez España.
Fueron diez días para la Historia. Recorrió 18 ciudades, pertenecientes a
10 Comunidades Autónomas. Fue “huracán Wojtyla” sobre nuestra piel de
toro. En octubre de 1984 regresó durante 16 horas a Zaragoza. María y la
evangelización de América fueron los reclamos y desafíos. Santiago de
Compostela, Oviedo y Covadonga fueron los escenarios de su tercera
visita como apóstol de los jóvenes y peregrino de la fe. Volvió en junio
de 1993 a Andalucía occidental y a Madrid. Diez años después, en mayo
de 2003 –como queda evocado- regresó a España y nos llamaba a ser fieles
a nuestra historia de fe.
Santos y beatos
Juan Pablo II beatificó a más de mil quinientos cristianos y ha
canonizado a otro medio millar. Fue el Papa que realizó el mayor número
de beatificaciones y de canonizaciones de toda la historia. Fue el Papa
que, en la carta apostólica “Novo millennio ineunte”, señaló como
principal reto de la Iglesia del tercer milenio la vocación a la
santidad, la pastoral de la santidad.
Juan Pablo II enriqueció el santoral y la vida de Iglesia con
cristianos tan excepcionales como San Pío de Pietrelcina, Santa Edith
Stein, San Josemaría Escrivá de Balaguer, San Maximiliano Mª Kolbe,
Santa Faustina Kowalska, los Beatos Juan XXIII y Madre Teresa de Calcuta
o aquellos cinco recientes y extraordinarios santos españoles de mayo
de 2003: San Pedro Poveda, san José María Rubio, Santa Genoveva Torres
Morales, Santa Angela de la Cruz y Santa María Maravillas de Jesús.
Ecumenismo y diálogo interreligioso
El ecumenismo y el diálogo interreligioso fueron a lo largo de los
cerca de 27 años del pontificado del Papa Juan Pablo II uno de sus
principales quehaceres y empeños. Juan Pablo II fue el primer Papa de la
historia en publicar y firmar una encíclica sobre la unidad de los
cristianos. “Ut unum sint” es el título de este destacado documento
pontificio del año 1995. En él propuso a todas las confesiones
cristianas un diálogo teológico y pastoral del máximo nivel sobre el
modo de concebir y de practicar el ministerio petrino.
Juan Pablo II fue el Papa del perdón y de la reconciliación,
privilegiados e insoslayables caminos para la unidad y el encuentro.
Basta recordar aquella memorable celebración en marzo de 2000 en la
Basílica de San Pedro de Roma en petición de perdón por los errores del
pasado, entre los que se encontraban aquellos que ocasionaron la
separación de los cristianos.
El diálogo con las otras religiones fue otra de las características
más acusadas de su pontificado. Baste recordar su visita y plegaria ante
el muro de las lamentaciones de Jerusalén en marzo de 2000 y la
petición de perdón por el trato injusto hacia los judíos. En abril de
1986 Juan Pablo II visitaba la sinagoga de Roma y llamaba al pueblo
judío “nuestros antepasados en la fe”. El Papa Juan Pablo II oraba en la
mezquita de Damasco en mayo de 2001 y reconocía convergencias con el
Islamismo en su servicio y adoración al Dios único.
En tres ocasiones, supo congregar y reunir como nadie a los líderes
de las principales religiones del mundo para orar por la paz. Asís fue
el lugar elegido en estas tres ocasiones, en octubre de 1986, enero de
1993 y enero de 2002. Juan Pablo II es el Papa del diálogo porque es el
Papa del hombre, de la dignidad insoslayable de toda persona humana y
del necesario reconocimiento del otro.
La modernidad
Los orígenes familiares, sociales, culturales e intelectuales de
Karol Wojtyla y su propia biografía y trayectoria humana hicieron de él
un hombre de la modernidad. No se trata de una modernidad vacía y sólo
de palabras y consignas al uso. Es una modernidad desde las certezas.
Es la modernidad que destila su encíclica de 1998 “Fides et Ratio”,
donde sienta los sólidos fundamentos y convergencias en la relación fe y
razón. Es la modernidad de su extraordinario carisma mediático y
comunicativo. Es la modernidad de quien entendió su ministerio petrinio
como itinerante, convirtiéndose en el párroco de la aldea global. Es la
modernidad de quien conoce el corazón del hombre. Es la modernidad de
quien completó su preparación teológica con una extensa y profunda
formación filosófica y moral. Es la modernidad de quien fue obrero,
actor, poeta.
“Totus tuus”
Octubre es el mes del rosario desde tiempos del Papa León XIII. Desde
2002-2003, Año del Rosario, instituido por el Papa Juan Pablo II, lo es
mucho más. “El rosario -afirmó Juan Pablo II pocos días después de su
elección pontificia- es mi oración preferida”. El rosario es contemplar
el rostro de Cristo con los ojos y el corazón de María. El rosario es la
oración del pueblo. Es el compendio del evangelio. Es la oración de la
familia y de la paz. Es un tesoro por aprovechar y recuperar. Es cadena
dulce que nos une a Dios.
Para enriquecer todavía más el rosario y para mostrarnos su auténtica
dimensión de oración contemplativa y activa que nos muestra el rostro
de Jesucristo y el evangelio, el Santo Padre incorporó en octubre de
2002 los misterios luminosos a rezar los jueves. Son los misterios de
la vida pública del Señor. Así tenemos ya la síntesis del evangelio y
del rostro del Señor: los misterios gozosos -encarnación, nacimiento e
infancia-, los misterios luminosos -vida pública-, misterios dolorosos
–la Pasión- y los misterios gloriosos -la pascua de Jesucristo y de su
Madre María.