ADÓRALE A ÉL...

NUESTRA MADRE DEL CARMEN DE ÍLLORA

RECIBE EN TU HOGAR A LA SEÑORA, ESTOY SEGURO, QUE UNA VEZ RECIBIDA, ESTARÁS DESEANDO DE VOLVER A TENER SU VISITA... NO LO DUDES

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martes, 27 de mayo de 2014

MES DE MAYO A NUESTRA MADRE: DIA 27


Prodigioso y admirable 
Imán de nuestro desvelo;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.


Salve, Reina de los, cielos,
De misericordia Madre,
Vida y dulzura divina;
Esperanza nuestra, Salve; 

Nubecilla etc.



Dios te Salve, Templo hermoso
Del divino Verbo en carne,
Sálvete Dios, Madre Virgen,
Pues eres Virgen y Madre;

Nubecilla etc.



Volvednos, Madre piadosa,
Vuestros ojos admirables,
Y mirad por vuestros hijos,
Pues que sois piadosa Madre;

Nubecilla etc.



Socorrednos, pues escucha
Que en las penas y combates
A ti suspiramos todos
En este lloroso valle;

Nubecilla etc.



Mostradnos a vuestro Hijo
De Josafat en el Valle,
Piadoso, pues que nació
De ese cristal admirable;

Nubecilla etc.



Rogad por vuestros devotos
A la bondad inefable;
Pues murió para salvarnos,
Por su clemencia nos salve; 

Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.



V. Ruega por nos, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

Hay un viejo dicho que dice lo siguiente: "hay que querer lo que se hace, y no hacer lo que se quiere".
La Virgen tenía pensado un futuro. Un horizonte que, Dios a través del Ángel, se lo complicó de sobremanera.
Nazaret era su pueblo. Su pensamiento, y futuro esposo, José. Su sueño, como tantas personas de nuestro tiempo, formar un hogar.
La humildad de María, tal vez, fue la mejor rosa que floreció en aquel hogar. Dios, por aquello de que también le gusta lo bueno, se acercó a María. Atravesó el umbral de su hogar. Y puso, en medio de él, la semilla de la luz esperada desde siglos.

Dios, entra siempre así. En los corazones que no se resisten. En los hogares de las puertas abiertas. En las casas donde existe gente que le alaba, le bendice y le sirve con corazón sencillo.

Ciertamente, el hogar de José y de María, era una casa privilegiada. Cuando hay fe, una sola razón basta para creer. Cuando la fe es débil o sin trascendencia alguna, mil razones no bastan para fiarse.
El hogar de María era un semillero de fe y, por ello, una simple invitación del ángel, le bastó para abrirse sin reservas a Dios  y dejar que entrase en sus entrañas.
Contrasta, la apertura del hogar de María, con familias que nos decimos cristianas pero que, a duras penas, se nota -en palabras ni en gestos- que Dios es Alguien importante en nuestras vidas, en el amanecer cuando le damos gracias por el nuevo día, en la bendición de la mesa del mediodía o, incluso, cuando nos cuesta un esfuerzo el asistir como familia y en familia a la Eucaristía.
¿Cómo es la vida cristiana de nuestros hogares? ¿Rezamos o marginamos a Dios? ¿Confiamos en Dios o, solamente le recordamos en los momentos de prueba?
Ofrezcamos, ante la Virgen María, este ladrillo. Quiere simbolizar nuestro deseo de edificar familias en el Espíritu de Dios, con las líneas maestras del Evangelio y con la orientación de la Iglesia a la cual pertenecemos.

ORACIÓN

Quiero, Virgen María,
un hogar cálido como el tuyo
para que Dios no pase de largo.
Quiero, Virgen María,
un hogar sin puertas como el tuyo,
para que el Ángel entre sin dificultades.
Quiero, Virgen María,
un hogar sin techo,
para que, aún durmiendo,
pueda contemplar la inmensidad del cielo.
Quiero, Virgen María,
un hogar sencillo y con maderos
para que, ni la vida ni los problemas,
me alejen del espíritu de aquel esposo carpintero.
Quiero, Virgen María,
un hogar con veleta apuntando hacia Dios
un hogar con pozo de agua fresca
un hogar con alma sencilla
un hogar donde, cuando Jesús entre,
encuentre siempre la mesa puesta y el corazón dispuesto.
Quiero, Virgen María,
un hogar con paredes blancas y corazones fuertes
un hogar con fuego vivo y sábanas blancas
un hogar, donde el Evangelio,
sea escuchado, seguido y proclamado.
Así, Virgen María,
quiero que sea mi hogar.
Amén

SALUTACIONES

1ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los serafines, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque me habéis dado vuestro Escapulario. Dios te salve, María, etc.

2ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los serafines, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario sois salud de mi alma. Dios te salve, María, etc.

3ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los tronos, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario me protegéis contra todos los peligros.Dios te salve, María, etc.

4ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis una y mil veces; las dominaciones, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario me defendéis de las tentaciones del enemigo. Dios te salve, Maria, etc.

5ª. Madre mía del Carmen y Reina de mi corazón, bendita seáis; los querubines, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario sois la paz y la alegría de mi alma. Dios te salve, María, etc.

6ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los arcángeles, los justos y los santos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario me habéis hecho especialísimo hijo vuestro. Dios te salve, María, etc.

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